jueves, 30 de abril de 2015

Man Ray en Bidart: Emak Bakia


Hace un par de sábados, el día en que una tormenta nos atrapó recorriendo el sendero de la costa entre Bidart y San Juan de Luz, encontramos algo curioso. Se trata de una de tantas villas elegantes y de alto copete que hay, sobre todo, en los alrededores de Biarritz y Bidart. Al salir de este última, en dirección a Guéthary y una vez pasada la playa de l’Uhabia, se encuentra uno en el camino de Parlementia con una casona blanca, de tres pisos y una logia adornada con arcos en el segundo, que casi cuelga del acantilado, asomándose a una de las más hermosas miradas que existen de la costa vascofrancesa. La casa se llama Emak Bakia.

Me llamó especialmente la atención porque en su entrada encontré una placa que decía que en ella  Man Ray filmó en 1926 una película que había sido bautizada con el nombre de la casa.

¿Emak Bakia?

Si, algo así como “Déjame en paz”.

Entonces me puse a buscar por la red algo sobre la relación de Man Ray con la casa para saciar esa curiosidad que crece espoleada por la visión de lo desconocido.

Y di con bastantes cosas. Resumo parte de ello.

Emak Bakia, fue la segunda película del gran fotógrafo Man Ray. Se supone que es un poema cinematográfico, absolutamente visual y sin ningún hilo narrativo, hecho al modo en que se hacían por aquél entonces –y aún hoy todavía algún iluminado-, el cine experimental. Ésta en concreto, que más allá de la anécdota que estoy relatando me pareció bastante “difícil”, narra el sueño de una mujer a través de diferentes técnicas cinematográficas que el autor ya había empleado con éxito tres años antes en el Retour a la Raison.

Lo apasionante de la historia que fui descubriendo poco a poco, como quien abre una cebolla, es todo lo que había alrededor. En primer lugar su protagonista: Kiki de Montparnasse, alias de Alice Prin, la entonces famosa modelo, cantante y actriz que se convirtió en musa de numerosos artistas -ChaïmSoutine, Francis Picabia, Jean Cocteau, Alexander Calder, Per Krohg, Hermine David, Pablo Gargallo, Toño Salazar, MoïseKisling, y claro está ManRay –quien además de su amante y director, fue quien la inmortalizó en su célebre Violín de Ingres-.

Fue tal la fama de nuestra Kiki de Montparnasse en los círculos de la bohemia artística de los años de entreguerras, que fue coronada oficialmente entre los suyos como la "Reina de Montparnasse". Ya sólo su vida resulta tan interesante que ha dado para novelas, biografías e incluso, recientemente, algún comic book.



No queda claro por qué ManRay llegó a Biarritz aquél 1926 en que filmó su película a nombre de la casa, pero sí que llevaba en el bolsillo 10.000 dólares que le había prestado un tal Arthur Wheeler, y en la cabeza la idea de quedarse una temporada en la costa vasco-francesa para rodar una película. Seguramente acabó por decidirle el hecho de que una señorita rusa, de esas que eran ricas princesas huídas de la revolución, le ofreció su casa de la costa vascofrancesa para dar forma a su proyecto cinematográfico. La casa, como es de imaginar, no era otra que esta Emak Bakia.

Allí trabajó Man Ray durante cosa de un mes, acompañado únicamente por un ayudante de cámara y rodando una película con total libertad. Así fue como se le ocurrió lanzar su cámara al aire, a diez metros de altura, y recogerla antes de que se estrellara contra el suelo, incluyendo en su película las inconexas imágenes que se grabaron durante el vuelo. Rodó también los pies de la señora Rose Wheeler bailando un animado charleston en la puerta de 'EmakBakia', el despertar de unos cerdos, un rebaño de ovejas y unas olas de mar.

Parece ser, y todo esto lo leo mientras me documento, que la película se convirtió, con los años, en una de las obras más importantes de la historia del cine experimental, aunque con el tiempo se terminó por olvidar donde estaba exactamente la casa que le daba nombre.

Pero su nombre y su vinculación con el País Vasco Francés siguió latente. En los años ochenta, Bernardo Atxaga encabezó un grupo de artistas vascos que crearon una pequeña editorial vanguardista a la que llamaron Emak Bakia Baita. En Florencia, trabajan unos diseñadores que se enamoraron de la película y llamaron Emak Bakia a la marca que han creado.

Hace unos años el realizador y periodista navarro Oskar Alegría se embarcó en la búsqueda de la casa, dedicándole una película documental que se estrenó con tal éxito en el BACIFI de Buenos Aires, que de ahí pasó a exhibirse en festivales como los de Edimburgo, San Sebastián, Distrital -en México-, o Telluride -en EE UU-, donde la calificaron como una “maravillosa apuesta narrativa”

A través de diferentes artículos y entrevistas que he encontrado, leo que Alegría planteó su película como una búsqueda, como la historia de un viaje improvisado, con una sucesión de encuentros inesperados hasta descubrir el lugar donde Man Ray filmó su cine poema. Según cuenta, en su búsqueda de la casa al borde del acantilado, revisó los archivos de Biarritz –creyendo que estaba ahí- sin demasiada suerte. Las únicas pistas seguras que tenía eran la imagen de una playa, un acantilado sin urbanizar y un balcón con dos gruesas columnas.

Armado con una imagen extraída de la toma del mar que Man Ray rodó desde el propio balcón de la casa, Alegría recorrió la costa preguntando y remirando una y otra vez. Al fin, después de un tiempo, dio con ella en el mismo lugar en el que yo me la encontré. Afortunadamente para mí –o no-, el pasó antes, y seguramente a consecuencia de su hallazgo y su película se colocó la placa que llamó mi atención.

La película de Alegría, a diferencia de la que originariamente dio lugar a su búsqueda, tiene para mí el interés de lo que es en sí, el valor de algo que me apasiona sobre todas las cosas: el proceso de búsqueda, la toma de decisión de inciarla, las razones que la motivan y los encuentros que se dan por el camino...

Así, Alegría no se detiene en la película, sino que reconstruye la tortuosa historia de esta casa, construida por un arquitecto rumano, de acuerdo con el gusto de su patria, con materiales traídos de ella y por encargo de una familia principesca originaria de aquél país.

Por razones no muy claras, poco después del paso de Man Ray por ella, la casa fue vendida por dos millones de francos a un viticultor de Burdeos, que la rebautizó como Ville Gérard. De 1939 a 1945, sirvió de puesto de vigilancia fronterizo a las tropas ocupantes alemanas que, antes de huir, saquearon en buena medida el edificio, y en 1951 fue adquirida por ocho millones de francos por el comité de empresa de la fábrica aeronaútica Socata de Tarbes, como lugar de recreo para sus trabajadores y sus hijos.

A pesar de que desde entonces se ha convertido en una casa vacacional de empresa, según dicen quienes han entrado en ella, todavía es posible admirar su gran chimenea coronada por Medusa, los ornamentos de madera propios del país balcánico o la balconada con vistas al Atlántico cuyas columnas fueron inmortalizadas en la película.

Cuentan, que mientras buscaba la casa, un arquitecto amigo suyo le contó a Alegría que había tenido noticia de que una anciana residente en Francfort estaba también intentando dar con ella… Era la nieta de quien mandó construirla, una tal Maria Despinazu Sayn-Wittgenstein, cuyos primeros recuerdos están asociados a las dependencias de esa casa. Gracias a este encuentro, con 94 años , Maria volvió a revivir sus tiempos de infancia desde aquél hermoso mirador ante la cámara de Alegría.




Parafraseando a uno de los artículos que me dieron luz sobre todo esto, hay una cita de mi querido Alvaro Cunqueiro que viene como anillo al dedo para una ocasión como esta:

«no todo lo que está enterrado, está muerto».



8 comentarios:

  1. El puñetero Ray me ha tenido pegadito a sus extravagancias visuales concatenadas sin pestañear siquiera, cavilando, incluso, un inexistente hilo argumental que no fuera, exclusivamente, ese juego de objetos danzarines imprecisos o el rostro tan pronto infantil como hipermaquillado de la musa.

    "La curiosidad mata", dicen. ¡¡¡Falso!!! La curiosidad es el experimento idóneo para descubrir paisajes y las figuras que los pueblan.
    He aquí como de un paseo, de un edificio y de una placa, se alcanza un pasado que se abre a muchas historias humanas que convergen en unas columnas apenas entrevistas en unas imágenes divinamente inconexas.

    Bendita curiosidad. Buen trabajo.

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    1. Me ocurrió lo mismo, pegado y en guardia, esperando a encontrar algún tipo de coherencia, de hilo narrativo, de fondo... algo. Pero bueno, al fin y al cabo es Dadá que diría su autor, por zanjar el tema sin más argumentos.

      La curiosidad... ¿qué haríamos si no fuera por ella? ¿vivir rodeados de lo que ya conocemos? Suena a aburrido...

      Un abrazo y gracias!

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  2. Curiosamente "una mirada" me "pisó" (lógica coincidencia) el comentario. Me fijé en él al disponerme a escribir pues citada en el último párrafo la palabra clave: CURIOSIDAD, que nos abre tantas puertas a interesantes descubrimientos. De no ser por ella muchos acontecimientos maravillosos, poco difundidos, permanecerían ignorados para muchas personas, expuestos al olvido...
    Tu curiosidad, tu investigación y estupendo trabajo, nos han dejado una preciosa historia, muy documentada e informada, que merece conocerse. ¡Gracias! ¡Me encantó!
    Un afectuoso saludo.

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    1. Gracias Chela, y que alegría encontrarte también por este cuaderno!. Lo bueno de la curiosidad es que sabemos de dónde salimos, pero no a dónde vamos y, lo que es más chocante, en muchas ocasiones no conocemos el motivo por el que hemos iniciado la búsqueda, la razón misma que nos ha hecho salir a la caza de algo... Es entonces cuando ese no saber cuál es el fin que nos mueve a buscar algo lo traducimos en un término tan modesto, pero lleno de luz como es el de la curiosidad.

      Al fin y al cabo, esta no es si no afán de conocimiento...

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  3. Y, a partir de ahora, hay un nuevo eslabón en esta cadena de búsquedas, que se inició al construirse esa casa. Un eslabón, además, que no solo está recogido en la Red, sino que ha nacido en la Red por obra y gracia del curioso señor De Bazt.

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    1. Gracias Senior, en cierta medida es lo que hacemos cada uno de nosotros en cada ocasión en la que escribimos una anotación en nuestros blogs, dejar la imagen de nuestra mirada sobre un asunto que, de alguna manera, ha llegado a ser parte de nosotros.

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  4. No se si la fotografía donde están todos es en esa misma casa, pero no sería de extrañar.
    biografía de picasso
    "Dios los cría y ellos se juntan"
    la Kara de Kiki y la escultura tienen una similitud picasssssiana que Man Ray nos quiere explicar, pero antes, alguien se lo explico a él, el mismísimo Picasso, tendríamos que suponer

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    1. Gran verdad la del ayuntamiento que forman las personas. No estoy ni un poco seguro de que la casa que dice sea la misma, pero así, a la brava, sin documentarse más, no es más que una opinión, aunque una vez más, estoy seguro de que podría llegar a saberse...

      Veo que su patrona sigue teniendo problemas para apuntarse en este cuaderno ¿?

      Salud!

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