jueves, 8 de diciembre de 2016

¿Quién sabe?


Fue hacia el año 1355 cuando Juan el Bueno, rey de Francia, encargó al dominico y tocayo suyo Jean de Sy, la elaboración de una nueva traducción de la Biblia que reemplazara a las diferentes versiones que circulaban por aquél entonces, y que había sido elaboradas principalmente en el siglo XIII.

Como puede imaginarse, se trataba en aquél entonces de un trabajo monumental, costoso, y en el que se iba a emplear bajo la dirección del encomendado a muchas personas. Pero su bondadosa majestad no vio gran problema en lo económico: creó un nuevo impuesto para la comunidad judía, que costeara lo que fuera que iban a pedir Jean de Sy y su gente por lo que merecía la dedicación de personas con un conocimiento especializado en las diferentes disciplinas  que se iban a emplear en la obra.

Entre estas personas destaca alguien de quién no se sabe ni siquiera su nombre. Será por ello que se le recuerda por su principal obra, que no es otra que esta: es el llamado “Maestro de la Biblia de Jean de Sy”. Bueno, como ocurre muchas veces en estos casos, no se sabe a ciencia cierta si se trata de una persona o de un taller. Pero el caso es que parece encontrarse el mismo modo de iluminar que en esta Biblia, la misma técnica, en otras obras que se gestaron en el París de la segunda mitas del siglo XIV. Y es un modo que siendo el mismo, parece ser obra de varias manos.


La crisis del papado, que había trasladado su sede a Avignon, la reciente y traumática peste de la década de 1340, las nuevas ideas religiosas de pensadores como Ockham, Pierre d’Ailly o Jean Gerson, ¿influyeron en el rey Juan para que pensara en actualizar la traducción que hasta entonces circulaba de la Biblia?

 Incluso se puede pensar en que, como muchos estudiosos sugieren, el Maestro de la Biblia de Jean de Sy, el taller que llevaba ese nombre, fuera de origen flamenco. Que continuara su trabajo en las cortes de los sucesores de rey Juan, tanto en Francia como en Borgoña, empujando con su arte los primeros pasos de un mundo que se iba transformando en todos los órdenes para terminar por desembocar en el Renacimiento y el mundo moderno.

Mi encuentro con las curiosas iluminaciones de la Biblia de Jean de Sy, que puede verse aquí, y el recuerdo de una lectura tan a cuento de todo esto -y tan recomendable-, como es el “Elogio del individuo. Ensayo sobre la pintura flamenca del Renacimiento” de Tzvetan Todorov, ha engendrado en mi, en estos momentos, la necesidad de dejar aquí estas líneas.

Quizá la mayor coincidencia no sea ninguna de las del párrafo anterior. Las más importante para mi en este momento, es el encuentro con un proceso de cambio, de introspección, reflexión y toma de decisiones… Algo que ahora mismo necesito hacer. Y después ya se verá. Quizá el año que viene siga con este cuaderno, quizá lo cambie, quizá sea en otro, quizá no, quizá!... Quién sabe…

Hasta entonces, que lo que venga les sea propicio a todos ustedes.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Coleccionando momentos

El 1 de diciembre de 1900 se promulgó en Francia una ley que permitía a la mujer el acceso a la profesión de abogado. 24 horas después Olga Balachowsky-Petit, se convertía en la primera mujer abogado de aquél país.

Aunque en España se ha tendido a considerar como tal a Victoria Kent, la verdad es que fue María Ascensión Chirivella (Valencia 1893 - México 1980) la primera mujer en licenciarse en Derecho en España, inscribirse en un colegio profesional en 1922 y ejercer la profesión de abogada en nuestro país.

Esta postal es una pequeña joya que recuerda la ley francesa de 1900, y quién conozca el francés, podrá disfrutar de los comentarios que se cruzaron entre ellas dos amigas feministas al poco del entrar en vigor la ley...

Una joya de coleccionista...

... y un homenaje a las tantas esperanzas que nos han ido dando aliento a lo largo del tiempo.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Para un amigo


No te pares frente a mi tumba ni llores.
No estoy allí, yo no duermo.
Soy los mil vientos que soplan.
Soy los brillos de diamante en la nieve.
Soy la luz del sol en el grano maduro.
Soy la lluvia apacible del otoño.
Cuando despiertes en la quietud de las mañanas,
Soy el vuelo de pájaros silenciosos que se elevan
en círculos,
Soy las suaves estrellas que brillan en la noche.
No te pares frente a mi tumba ni llores,
No estoy allí, yo no he muerto.
(Poema de autor desconocido)
Hace ya algún tiempo que me encontré con este poema que guardaba en alguno de mis anteriores blogs. Hoy he querido ponerlo aquí en solidaridad con la perdida que ha sufrido un muy querido amigo.
Salud y ánimo José Antonio!

viernes, 4 de noviembre de 2016

Desde donde estás puedes oír sus sueños


Ahora tenemos ante nosotros un nuevo camino que descubrir…

El 4 de noviembre de 1966, un terrible aguacero que tuvo lugar el día anterior, elevó 11 metros el nivel del rio Arno arrasando la ciudad de Florencia. Se calcula que cayeron alrededor de 180/200 litros por metro cuadrado. Se dice que tras la inundación de 1333 había sido tan concienzudos en la reconstrucción del Ponte Vecchio que, lejos de derribarlo, la crecida se encontró con un muro de contención que la desvió hacia el interior de la ciudad antigua.

En la Galería de los Uffizi un grupo de personas tuvo que enfrentarse con el agua y el fango para salvar las obras de Masaccio, Giotto, Fra Angelico, Simone Martini, y otros tantos autores.

El Museo de Historia de la Ciencia, en el Palazzo Castellani, fue atacado sin piedad por una inmensa ola, que derribó el robusto portón, llevándose por delante una valiosa colección de instrumentos científicos pertenecientes a los duques de Florencia. La entonces directora, que vivía en el palacio, pudo rescatar los telescopios y lentes de Galileo, antes de saltar por una ventana para ponerse a salvo.

Un grupo de jóvenes, procedentes de distintos puntos de la comarca, se reunieron frente a la Biblioteca Nacional formando largas cadenas humanas que se pasaban de uno a otro los libros y manuscritos que todavía podían rescatarse de la marea de lodo. Desde entonces, a estos voluntarios se les conoce en Florencia como “los ángeles del lodo”.

Las aguas llegaron a abrir las pesadas puertas las puertas de bronce del Baptisterio. El lodo cubrió la Magdalena de madera de Donatello que había en el interior, arrastró y golpeó contra las jambas las puertas del paraíso de Ghiberti, perdiendo cinco de los diez paneles, mientras que a las de Andrea Pisano les arranco dos paneles. Afortunadamente todos ellos fueron encontrados trtas la riada.

Cincuenta años antes, ese mismo día noviembre de 1916 estaba dando a su fin la batalla de Le Transloy, uno de los últimos y más sangrientos episodios del Somme, ejemplo de hasta dónde pueden empujar unos pocos seres humanos a otros, para convertir sus ambiciones e ineptitudes en mares de sangre.

En un lugar muy alejado de allá, en Colombia, ese mismo día del año 16, un líder indígena de nombre Quintín Lame, tras salir de la prisión en la que había sido encerrado acusado de intentar crear una república indígena,  entró al pueblo de Inzá, acompañado de mil quinientos seguidores. En la plaza principal entonaron el himno nacional, asistieron a misa y en una improvisada arenga el líder indio ordenó a sus cabildos tomar posesión de esas tierras, concedió diez días a los propietarios blancos para que abandonaran sus predios y demandó que los terrenos fueran entregados a los indígenas. Quintín Lame anunció que regresaría al domingo siguiente. Ese anunció aterró a los grandes propietarios, quienes se dieron a la tarea de organizar grupos armados para enfrentarse a Lame cuando regresara…

El tiempo corre lleno de acontecimientos, y el que separa a la entrada de Lame y la batalla del Somme con el desastre de Florencia, es el mismo que el que hay entre esta última fecha y el día de hoy. O mejor dicho: de mañana, pues estas líneas las escribo y dejo programadas para que se publiquen un día antes de éste 4 de noviembre, ayer, momento desde el que les escribo.


Hace exactamente diez años anoté en mi blog de entonces algo que seguramente les dará la clavé del porqué de lo que les he contado hasta ahora. Basta con que entren en él, si les place, y entiendan que no se trata de otra cosa que de un juego. Un juego al que podemos llamar vida.


Y mientras leen estas líneas, es posible que esté volando, o lejos de aquí o del lugar en el que estén… A no ser que se encuentren allá a donde voy.

Estas cosas son las que tiene el tiempo.

Éste en el que les escribo y aquél en el que me lee cada uno de ustedes:

“El tiempo pasa. Escucha. El tiempo pasa.

Acércate más.

Solo tu puedes oír cómo duermen las casas en las calles de la lenta, profunda, salobre, tiniebla del vendaje nocturno. Sólo tú puedes ver, en los dormitorios de postigo echado, la ropa interior y las enaguas reposar en las sillas, las jarras y los aguamaniles, las dentaduras postizas hundidas en los vasos, las Tablas de la Ley colgadas en la pared, las amarillentas fotografías de unos muertos que todavía esperan que salga el pajarito. Sólo tú puedes oír y ver, tras los ojos de cuantos duermen, los movimientos y los países, los laberintos, los colores, los duelos, los arcoiris y las melodías, los vuelos y deseos, las caídas, las desazones y la vastedad de los mares de sus sueños.

Desde donde estas puedes oír sus sueños.”

(Dylan Thomas)

domingo, 30 de octubre de 2016

Dorre Beltza


La llamaban Dorre Beltza -Torre Negra, nombre muy sugerente-, por el color que tenía su cadalso o estructura de madera antes de que la restauraran hará cosa de 15 años.

La torre Jauregia de Donamaria es una de tantas construcciones medievales de ese tipo que, en diferentes estados de conservación y pureza, salpimentan la cuenca del Bidasoa, embelleciendo un entorno natural tan único como es este.

Mientras nos abrimos los bocadillos bajo un árbol desde el que se divisa Jauregia -de Jaun, señor, y tegia, lugar: palacio-, se nos acerca ya de vuelta la persona que nos ha acompañado durante la visita explicándonos su interior.

- ¿Os ha gustado? -pregunta.

- Claro, mucho.

Hablamos de las diferencia entre estas construcciones que se quedaron en torre, por no estar en tierras fronteras con el enemigo de turno, y aquellas otras que se rodearon de murallas convirtiéndose en castillos; de los ingresos que obtenían en aquella época por cobrar el paso a todos aquellos que iban y venían a un lado y a otro de los Pirineos, por esos caminos que ahora cuesta hacerse a la idea de que eran mucho más frecuentados que los de ahora; de las luchas entre las diferentes familias banderizas que dominaban los valles del entorno; de lo peligros que todo ello supondría...

- ¿Imaginais el paso por estos mismos caminos de peregrinos, mercaderes, mensajeros y gentes de toda fortuna que debió darse por aquellos tiempos?

Y a uno ya no le hace falta nada más que le dejen tranquilo, ahí mismo, disfrutando del silencio y del placer de dejar correr a la imaginación espoleada por la enorme cantidad de evocaciones que galopan en ese momento por su cabeza.

Y hace un día brillante, fresco, en un lugar donde apenas se siente en la lejanía el cencerro de algún caballo, vaca u oveja, que pasta apacible la misma hierba sobre la que nosotros disfrutamos sentados en silencio del verdor intenso que nos rodea.


miércoles, 26 de octubre de 2016

IVXI

«Ритм труда» ("El ritmo del trabajo"). Nikolai Matorin, hacia 1960 

"Lo fundamental es no impacientarse. Éste es otro consejo que te doy. No te precipites. Aunque las cosas estén tan intrincadas que no sepas cómo salir del paso, no debes desesperarte, no debes perder la paciencia y tirar de un hilo antes de la cuenta. Hay que desenredarlos uno a uno, hay que tomarse todo el tiempo necesario." - Haruki Murakami, Tokio Blues.

Esta magnífica fotografía de Matorin perteneciente a la serie "Un día en la historia" conservada en el The Lumiere Brothers Center for Photography de Moscú, y la cita de Murakami, copiada de Burnedshoes, me parecen una excelente combinación para expresar lo que yo llamo "mi particular cuenta atrás" hacia un momento que, por eleccción propia, he decidido convertirlo en una de esas balizas vitales que para bien o para mal, suponen un punto de inflexión en mi vida.

Es premeditado. Mucho. Y por eso lo asemejo a la finura con que esos dedos hacen vibrar en el silencio del aire los hilos del tiempo. 

Es bueno. Y por lo tanto, efímero. E incluso insignificante para cualquiera de los que leeis estas líneas. Si no lo cuento, no habrá pasado nunca.

Y mientras acaricio esos haces de luz, hago crecer algo que debiera ser nimio: es cuestión de paciencia, concentración y mimo. Desenredo los momentos que van pasando, aliso la inquietud de la espera, hasta convertirla a esta en algo brillante, perpetuo en la memoria de mi futuro.

viernes, 21 de octubre de 2016

Guía de confesores


El obispo Burchard  de Worms redactó allá por el año mil, una obra conocida como el Decretum o Liber decretorum, que trata de diversas cuestiones relacionadas con la organización de su diócesis. De los veinte libros que contiene la obra, es el XIX, conocido con el nombre de De poenitentia o Corrector sive medicus, el que nos interesa, al tratarse de un repertorio de 194 preguntas y respuestas destinadas a servir como guía a los confesores. Gracias a ellas podemos conocer el tipo de pecados que cometían los fieles a los que pastoreaban espiritualmente:

“¿Has fornicado, como algunos tienen la costumbre de hacer, metiendo tu miembro viril en un pedazo de madera perforado, o en alguna cosa parecida, y con ese movimiento y ese placer has expulsado tu semen? Si es que si, harás una penitencia de 20 días a pan y agua.” (Pregunta 124) 

Al leerlas sorprende comprobar que nos describen claramente una versión muy rudimentaria de muchos usos que podíamos creer que son propios de nuestros tiempos:

“¿Has hecho tu eso que algunas mujeres tienen la costumbre de hacer: te has fabricado un objeto o instrumento con forma de miembro viril, del tamaño que te apetecía, lo has atado a tu cintura en el lugar de tu sexo, o en el de otra persona, y has fornicado con otras mujeres, o las otras contigo, con un instrumento de este tipo o parecido? Si es que si, harás penitencia cinco años en los días establecidos”. (Pregunta 154)

Obviamente, a lo largo del texto se trata no sólo de los usos sexuales del momento, sino de todo aquello que requiere de la penitencia del fiel a juicio del obispo de Worms: engaños, robos, malediciencias, faltas a la religión, etc… En este sentido, quizá uno de los temas más interesantes de analizar sea el relacionado con la superstición, habida cuenta de la entonces todavía débil cristianización de aquellas tierras. Como todos sabemos, seguramente en lo llamado “superstición” hay mucho de creencias precristianas. De hecho, recuerda a lo que se puede encontrar referido a la Galicia sueva en “De correctione rusticorum” de Martín de Braga, donde se trata como supersticiones lo que realmente eran usos y creencias anteriores al cristianismo.

Volvamos al obispo Burchard y sus preguntas para los confesores:

“¿Hiciste lo que suelen hacer ciertas mujeres? Toman un pez vivo, y lo introducen en su vagina, y lo tienen allí un tiempo, hasta que esté muerto, y una vez hervido o cocido el pez, se lo dan a sus maridos para comer, por eso hacen esto, para que ardan más de amor por ellas. Si lo hiciste, haz penitencia dos años en los días señalados.” (Pregunta 172)

Vistas las cosas, en aquél tiempo tenía que ser mejor sentarse a la mesa de una familia que hubiera olvidado totalmente las costumbres de sus ancestros…

Curiosamente,  muchas de las cuestiones que trata De poenitentia en relación a la vida diaria del común de los fieles, se centran en sus costumbres sexuales o gastronómicas:

“¿Hiciste lo que suelen hacer ciertas mujeres? Se tiran de cara, y descubiertas las nalgas, ordenan que sobre las nalgas desnudas se prepare pan, y cocido éste se lo alcanzan a sus maridos para que lo coman. Entonces hacen esto por eso, para que estallen en amor por ellas. Si lo hiciste, haz penitencia dos años durante los días señalados.” (Pregunta 166)

Con la perspectiva que nos da el tiempo cuando leemos estas dos últimas preguntas, y todas las que tienen alguna relación con lo que se llama superstición, a uno le invade esa sensación que Goya llamaba la de los Tristes presentimientos de lo que está por venir… Lo digo en el sentido de que estos penitenciales no eran sino el eslabón de una extensa literatura que desembocaría en algo tan nocivo para quienes lo sufrieron como lo fueron las prédicas encerradas en el tristemente célebre “Malleus Maleficarum”, donde las antiguas supersticiones eran consideradas ya brujería.


Es curioso que de todo aquello no haya perdurado en nuestros tiempos tanto la permisividad sexual, ni de pensamiento, sino la ignorancia por la que muchas personas todavía hoy en día se suben al caballo de las supersticiones más degradadas para creer en brujerías, magias, adivinos y horóscopos…


viernes, 30 de septiembre de 2016

Splendor Solis


“Ovidio narra el caso de un sabio anciano que quería rejuvenecer. Para ello era necesario hacerlo pedazos y cocerlos completamente, pero no demasiado. Entonces los miembros volverían a juntarse y a recuperar el vigor juvenil.” Esta historia que cuenta Salomon Trismosin como si fuera algo que él mismo conociera de primera mano, y el propio lector estaba obligado a creer como cosa cierta, es una de las tantas fábulas alquímicas que se recogen en las páginas del Splendor Solis, una de las obras clásicas en esa materia.

Merece la pena fijarse en el detalle de la paloma que bailotea sobre la cabeza del recién reconstruido anciano, y que no es otra cosa que su espíritu dispuesto a retornar a ese cuerpo recompuesto tras haber sido troceado… Por si fuera poco, parece ser que para reparar la avería en condiciones, el baño debe hacerse en un preparado a base de mercurio, que no todo va a ser disfrutar.

Esta es una de las tantas ilustraciones que contiene el “Splendor Solis”, de un tal Salomon Trismosin, a quién durante mucho tiempo se identificó con Ulrich Poysel, maestro del mítico Paracelso. Pero en los últimos estudios que se han realizado de esta obra, se ha desechado su autoría y nos hemos quedado de nuevo sin saber quién fue realmente la persona que se ocultó tras el seudónimo del autor.

El caso es que esta obra, realizada en torno a la segunda mitad del siglo XVI, contiene 22 pinturas de gran formato, elaboradas según el estilo de la miniatura renacentista. Algunas de ellas son de muy difícil interpretación, bien por el hecho de que el propio autor tenía esa intención, o bien porque lo que tenía que explicar a través del dibujo era algo demasiado confuso. Pero esta dificultad es también una ventaja, pues la falta de claridad nos deja las puertas abiertas a la libre interpretación. Vean si no algunas de las imágenes, e interpreten a su gusto.


Existen varias copias más o menos contemporáneas de esta obra, que tienen la peculiaridad de estar iluminadas por distintas manos con mayor o menor fortuna. Dos de ellas son las más conocidas. La primera, la que se conserva bajo la referencia All.113 en la Biblioteca Nacional de Francia, es uno de los Splendor Solis más antiguos y refinados que se conservan, y fue un modelo utilizado para realizar copias posteriores,

La otra, puede consultarse en la British Library, con la signatura Harley 3469. Es seguramente la más conocida y la mejor estudiada de todas las copias existentes. Las propias ilustraciones, aún siendo muy semejantes, tienen mayor calidad que las de la que le sirvió de modelo, la de París. Un ejemplo comparativo.


De la copia de la British Library, tenemos además algo que para mí le da gran valor a una obra con la edad que tiene aquella: su trayectoria a lo largo de los siglos. Sabemos que John Evelyn, pintor de la corte del rey Carlos II de Inglaterra, debió encontrarlo en la biblioteca de Whitehall Palace el 2 de septiembre de 1680, y contó que contenía“los procesos para el Gran Elixir de los filósofos” y la adornaban pinturas de una gran belleza, tal y como aún podemos comprobar hoy en día. 

Se sabe que posteriormente fue su propietario el barón Johann Friedrich Böttger, hombre aficionado a las cosas de la alquimia, y conocido por haber dado con la fórmula para fabricar la porcelana. Más tarde pasó a manos del teólogo alemán Johann Cyprianus, y de los herederos de éste llegó a la biblioteca privada de la poderosa y aristocrática familia Harley, protectora de artistas y eminentemente bibliófila, hasta que en 1753 lo compró la British Library, interesada seguramente por el que era considerado ya por aquél entonces el más bello tratado de alquimia que se conoce.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La mirada de Miriam Cooper



Mira.

Miriam Cooper, actriz de cine mudo. Una de las protagonistas de la legendaria "Intolerance" de D.W. Griffith, estrenada este año hace un siglo.

Ni más ni menos.

Simplemente Intolerancia, ahora como hace cien años.


Y esa mirada. La mirada de Miriam Cooper.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hacia todo aquello que ahora mismo resulta desconocido



Esta es una edición romana fechada en 1476 de la Geographia de Ptolomeo que me he encontrado casualmente, mientras curioseaba por las colecciones de mapas antiguos digitalizados que existen por la red. Les recomiendo encarecidamente que pulsen aquí y disfruten a pantalla completa de la calidad de la reproducción, y, sobre todo, del placer que produce el abandonarse a estas cosas...

Konrad Sweynheym, autor de esta Geographia, fue un clérigo de la catedral de Maguncia, cuya afición por las cosas de aquél nuevo invento que fue la imprenta, le llevó a dedicarse a ello por entero. Al tiempo, se asoció con un antiguo aprendiz de Gutenberg, Arnold Pannartz, con quien se trasladó al monasterio italiano de Santa Escolástica de Subiaco, huyendo del asedio al que había sido sometida su ciudad. Allí habían sido llamados ambos por el cardenal Giovanni Turrecremata, alias italiano del dominico vallisoletano Juan de Torquemada, protegido del papa Calixto III, llamado a su vez en el siglo Alfonso de Borja. Si este Juan de Torquemada tenía algo que ver con el archiconocido Tomás, el inquisidor, es algo que desconozco.

El caso es que Turrecremata era abad del monasterio de Subiaco, a unos 70 kilómetros al este de Roma, y hombre interesado como Sweynheym en las posibilidades que ofrecía la imprenta. Bajo su protección Konrad y Pannartz se convirtieron aquél año de 1464 en los primeros en editar un libro en Italia. Se trata de una obra del gramático latino Elio Donato, que desgraciadamente se ha perdido. A ésta le siguieron otras, de las cuales si se conserva algún incunable, como un "De oratore" de Cicerón, y un "De divinis institutionibus" de Lactancio, ambas de 1465.

Tras terminar en 1467 el "De civitate Dei" de San Agustín, ambos decidieron marchar a Roma. Habían sido llamados por la familia Massimo una de las más importantes de la aristocracia de la ciudad, que se decía descendiente de la "gens Fabia" en los ya lejanos tiempos de la República. Con ellos, y después bajo la protección del papa Sixto IV, realizaron algunos de sus más conocidos trabajos, cerca de 18 obras, hasta que allá por el año 1474 decidieron separarse.

Fue entonces cuando Sweynheym decidió comenzar a trabajar el grabado en cobre a punta seca con los mapas que ilustraban la Geographia de Ptolomeo, una obra muy codiciada en su época y que, dada su técnica de elaboración, prometía una excelente calidad. Desgraciadamente murió a falta de terminar la elaboración de los mapas, cosa que completó Arnold Buckinck.

Al visitar hoy en día la copia digitalizada de esta Geographia, la mirada de uno acompaña a los movimientos del cursor hacia el este, hacia lo que considera los misteriosos y oscuros confines de aquello que, en aquél entonces, era una mezcla no bien delimitada entre lo real y lo imaginado. La mirada, en fin, se dirige hacia lo ignoto, hacia lo que queda por descubrir. Quizá, inconscientemente esté intentando desperezar el ánimo y despertar los sentidos para llevarlos, con buen viento, hacia todo aquello que ahora mismo resulta desconocido.


lunes, 1 de agosto de 2016

Nubes

(Elliott Erwitt. The Tate Gallery. Rodin sculpture. London. 1993)

Llega el momento de dejar de mirar.

viernes, 29 de julio de 2016

El libro de los milagros


“En el año 1536 el doctor Johannes Doltzburger presenció un extraño fenómeno en el cielo de Medina en España. Fue en la séptima noche de febrero, cuando se preparaba para calcular el tiempo a través de su arte de la astronomía, que vio elevarse hasta un punto del cielo una nube negruzca, donde se encontraban luchando dos niños con el escudo del águila uno y la media luna el otro, tal como se muestra en este dibujo.”

Este suceso prodigioso, extraído del “Libro de los Milagros”, es recogida además en una obra colectiva dirigida por Jacquelin Kelen y titulada “Les Nuages et leur symbolique”, donde explica que la interpretación que se quería dar en aquél entonces a esta visión estaba relacionada con la deseada victoria del emperador de la cristiandad contra el turco. Pero no se confunda el lector, que no voy a hablar de temas de actualidad, pues aún pareciendo mentira sigue siéndolo. Tampoco voy a hablar de simbolismo de las nubes que éstas, para los pocos que me conocen, tienen para mí un significado muy especial que desplegaré en este cuaderno en el próximo escrito.

Voy a hablarles del “Libro de los Milagros”…

En julio de 2008, James Faber, un marchante londinense de arte especializado en dibujantes franceses de los siglos XVIII y XIX, adquirió un curioso libro en una subasta en Munich. Se trataba de una obra manuscrita que contenía  167 pinturas de acuarela y gouache, ilustrando cada una de ellas un acontecimiento milagroso. Faber observó que el último milagro del que se hablaba tuvo lugar en el año 1552, y encargó a un especialista que hiciera un análisis exhaustivo de su papel y materiales, para poder fecharlo con mayor precisión. Los resultados confirmaron que lo que se conoce como el Augsburger Wunderzeichenbuch (algo así como “Libro de los Milagros de Augsburgo”) data de mediados del siglo XVI, y como insinúa su nombre, fue seguramente hecho en Augsburgo.

 Es él se recopilan algunos hechos prodigiosos, fenómenos celestiales, desastres naturales, así como plagas y otros acontecimientos extraordinarios. Abarca desde la creación del mundo, revisando diversos episodios del Antiguo Testamento, pasando por las crónicas medievales, hasta llegar a los hechos recientes contemporáneos del autor. Las ilustraciones tienen un aire moderno, naif, y van acompañadas de breves explicaciones del autor. El “Libro de los Milagros” nos hace partícipes de los miedos y preocupaciones vigentes de las gentes del siglo XVI… En cierto modo, el estilo me recuerda al que posteriormente, sobre todo a lo largo del siglo XVIII, se emplearía en la elaboración de algunos exvotos.

Pero creo que mejor que hablar de esta obra, es disfrutarla. La lectura de los textos que va acompañando las ilustraciones es una verdadera delicia, un canto a la imaginación y a la recreación de la mentalidad de aquella época. Vamos a ver algunas de estas ilustraciones acompañadas de la traducción del texto que incluyó en cada una de ellas el autor:


“En el país de los romanos, en el año 73 a.C., una esfera dorada fue vista en el cielo, vino a la tierra, rodó sobre ella y voló hacia el aire nuevamente en dirección al sol naciente, por lo que su gran tamaño lo cubrió por completo. Esto fue seguido por una terrible guerra que sacudió a Roma.”




“En el año 1009, el sol se oscureció y la luna se tiñó de sangre. Hubo un un gran terremoto y cayó desde el cielo una enorme antorcha, tan grande como una torre o una columna, que produjo al chocar sobre la tierra un fuerte estruendo. Este fenómeno fue seguido de la muerte de muchas personas y una terrible hambruna en Alemania e Italia. Murieron más personas de las que permanecieron vivas.”




"En 1362, en tiempos de Otto, emperador de Sajonia, una piedra - maravillosa y grande - cayó del cielo en medio de un fuerte viento y lluvia. Aplastó a muchas personas y vino acompañado de un gran eclipse de sol"




“En el año 1496, en el mes de enero, en el momento del desbordamiento del Tíber cerca de Roma: apareció una maravillosa criatura muerta donde la furia y el poderío de las aguas del Tíber habían disminuido, y fue en esta forma, como se ha pintado”




"En el año 1527, un terrible viento de Turquía empujó a grandes hordas de langostas hasta el Reino de Polonia, causando un gran daño a las personas y el ganado. Las langostas eran de color gris y dorado, tal y como se pintan aquí"




“En el año 1531, el 26 y el 28 de enero, fueron vistos en el cielo nocturno de Lisboa en Portugal signos de fuego y sangre. Fue vista también en el cielo una gran ballena. Esto fue seguido por grandes terremotos, de modo que cerca de dos centenares de casas se derrumbaron y más de un millar de personas murieron”




“En el año 1533 un caballo en el aire fue visto en Bohemia, y un jinete, como si él quería montar, tal como está pintada aquí”




“En el año 1533 tres soles brillaron al mismo tiempo, como si hubieran nubes ardientes alrededor de ellos, y se mantuvieron por encima de la ciudad de Münster, pareciendo que la ciudad y las casas estaban en llamas, como se muestra aquí”




“En el año 1531 una maravillosa criatura, que era toda gris y peluda, con cabeza de un hombre barbado y cuatro patas con garras afiladas, fue capturada por los cazadores del obispo en el bosque en Salzburgo. Fue llevado a la corte, pero no quiso ni comer ni beber, por lo que sufrió horriblemente”




“En 1552, el 17 de mayo, una terrible tormenta con granizo cayó en Dordrecht, Holanda, haciendo pensar a la gente que llegaba el día del juicio final. Duró alrededor de media hora. Muchas de ellas llegaron a pesar más de una libra, y donde cayeron dejaron un terrible hedor”




“1533 años después del nacimiento de Cristo, en el viernes después de Santa Úrsula, el día 24, estos maravillosos dragones fueron vistos en el aire durante casi dos horas, a alrededor de las 10 de la noche, en varios lugares cerca de Hilpoltstein”




“En el año 1547, este precioso trigo creció en el condado de Flandes, a tres millas de Gante, en diversas formas y modalidades... Se tuvo noticia de un maravilloso milagro en el año 1539, acerca de una joven de la Diócesis de Speyer -Margaretha Weiss von Roth, trece años y medio-, quien se abstuvo de tomar cualquier sustento físico durante dos años y doce semanas. En aquellos años también, crecieron uvas peludas el Neckar y el Rin... “

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Como es de imaginar, y muy a pesar de los aficionados a encontrar fenómenos sobrenaturales, ovnis y demás cuentos en todo lo que cabe en su ecuación de la realidad oculta, la mayor parte de los hechos tienen muy poco que ver con lo que pueden insinuar. De todos modo, creo que lo que importa es conocer de donde procedía toda esta información que el autor traslado a imágenes. ¿Se la inventó? Parece claro que no. A mi entender las fuentes que empleó, al margen de las consabidas bíblicas, eran las hojas volanderas, pliegos de cordel o relaciones de sucesos, tan al uso por aquél entonces, y tan del gusto -de ser oídas más que de ser leídas- de aquellas gentes. En ellas se podía tratar cualquier tipo de sucesos, desde los relacionados con la actualidad política más o menos real de los reinos cercano, hasta otras de tipo milagrero, piadoso, novelero o fantástico, que eran de mayor gusto de las clases populares.

La evidencia de que el autor se nutrió en gran parte de este tipo de fuentes para ilustrar los sucesos que tuvieron lugar en fechas próximas a la creación de este manuscrito, es que existen varias referencias que lo confirman. En el libro que he citado inicialmente -“Les Nuages et leur symbolique”-, se habla de una hoja de este tipo, editada en Alemania unos 14 años después -1555-, haciendo referencia al suceso de los niños luchando en las nubes.

Pero existe más. Otro de los casos, el de Margaretha Weissin, tuvo también su versión en hoja volandera, anterior a la ilustración del libro, pues es de 1540. En ella se relata con más detalle la historia de esta joven: con unos doce años, dejó de alimentarse y continuó con su vida normalmente, durante los más de dos años de vigilia que se autoimpuso. Parece ser que todo terminó cuando el Futuro emperador del Sacro Imperio fue a conocerla, atraído por una fama que iba haciéndola santa a ojos de sus convecinos, y la convenció para que abandonara su penitencia.

De esta caso existieron inicialmente dos hojas volantes que cuentan la misma historia y muestran la misma ilustración. Posteriormente se llegó a publicar algún estudio en libros de medicina, pero esto ya es otro asunto. De las dos hojas referidas, una está en alemán y la otra en latín. La versión alemana se centra en narrar la historia personal de la joven Margarita de manera detallada, deteniéndose especialmente en su encuentro con el futuro emperador del Sacro Imperio Fernando. La  versión latina se centra en el informe de un médico que examinó a la joven, reconociendo la autenticidad de la enfermedad que la había hecho tan popular.

En resumen, el Libro de los Milagros tiene tanto el valor de sus ilustraciones - frescas, naif y modernas -, como el de lo que cuenta. Ha conservado para nosotros parte de lo que eran las creencias de las personas en aquellos tiempos, de lo que llegaba a ellas a través de las lecturas públicas y en voz alta de esas hojas volanderas llenas de prodigios y sucesos extraños, que a buen seguro, ocuparía gran parte de las conversaciones y preocupaciones más profundas de aquellas personas.

martes, 26 de julio de 2016

Lions and tigers and bears, oh my!


Lions and tigers and bears, oh my!
¡Leones y tigres y osos, ay Dios mío!

Se calcula que, a lo largo de su vida, Bebe Daniels participó en cerca de 230 películas, la mayor parte de las cuales fueron anteriores al cine sonoro. Aquí, en esta magnífica fotografía promocional, Bebe tiene 9 años e interpreta a Dorothy Gale en la primera versión cinematográfica que se conoce del “Mago de Oz” (1910). La imagen pretende recrear el momento en el que la pequeña Dorothy exclama rítmicamente, con sus compañeros de aventuras, aquello de:

Lions and tigers and bears, oh my!
  
Aunque no tuvo el mismo éxito que llevó al estrellato a Judy Garland en la versión de más de 20 años después, esta película, de unos trece minutos y medio, le sirvió a Bebe como catapulta para convertirse en una presencia habitual en aquellas primeras producciones cinematográficas. Se le puede ver compartir reparto con Harold Lloyd, Rodolfo Valentino, Cecil B. DeMille, etc… y, cómo no, haciendo primeras versiones de películas que alcanzarían mayor éxito en sus revisiones posteriores, como es el caso del “Halcón Maltés” de 1931, donde interpretaba el papel de Ruth Wonderly.

Pero el cine, el teatro e incluso el musical, fueron sólo algunas de las facetas por las que era famosa quien en su época fue una de las flappers más reconocidas del momento. Eran frecuentes sus apariciones estelares en todo tipo de evento artístico, sus escándalos, fiestas, idilios y, cómo no, su presencia entre las páginas la prensa rosa del momento. El Vanity Fair de septiembre de 1922 recoge una ilustración de Ralph Barton que la muestra en medio de un grupo de famosos del mundo del espectáculo de aquél entonces. ¿La reconocen?: seguro que sí, a pesar de que han pasado 12 años desde que interpretó a la cándida Dorothy.


Dice Ralph Barton en el artículo que acompaña a la ilustración, que ha dibujado a Bebe Daniels usando traje de rayas horizontales, porque la ha sorprendido recién salida de la cárcel, a dónde la llevaron tras ser detenida por exceso de velocidad. Queda claro pues, y más aún si ven sus fotos de aquella época, que efectivamente ejercía de flapper con todas las de la ley.

Sorprende en la ilustración de Barton la fidelidad con la que ha retratado a todos los personajes que se ven en ella. Especialmente me ha llamado la atención el caso de la virtuosa, teatral e interesante Alla Nazimova: la que representa casi tal cual es fotografiada por Arthur Rice en su interpretación de Marguerite Gautier en Camille, que filmó junto a Rodolfo Valentino en 1921, por aquella misma época. Todavía hay hoy en día alguien que mantiene una página web dedicada a preservar viva la memoria de esta actriz, cuya biografía está repleta de interesantes episodios que, por no desviar mi rumbo y tampoco cansarles, reservo para otra ocasión.



Está claro que Ralph Barton conocía perfectamente su trabajo, y lo hacía buscando no sólo el parecido con los personajes representados, sino proporcionándoles además, como buen caricaturista, un toque de ironía, que en el caso de ambas actrices se materializa en el traje a rayas de la Daniels, y el vestido y la pose afectada de la Nazimova. Barton fue, seguramente, el ilustrador más famoso de la América de los años de 1920, la del jazz, las flappers y esa nueva clase elegante surgida del mundo del espectáculo. 

Barton, que inició su carrera como corresponsal en Europa durante la primera guerra mundial, conoció la fama a partir de los retratos mordaces y elegantes que hizo de las estrellas del momento. A partir de ahí, sus producciones fueron requeridos tanto en forma de ilustraciones por revistas -Vanity Fair, The New Yorker, etc…-, como por los diseños de bufandas y todo tipo de complementos que realizó muy a la moda de aquél entonces.

Su obra más conocida sería la que hizo en colaboración con la guionista y escritora Anita Loos, para quién ilustró su novela “Los caballeros las prefieren rubias” (1925). Esta obra, un texto de apenas 160 páginas en forma de diario, se publicó el mismo año que El gran Gatsby, convirtiéndose en uno de los mayores best-sellers de la década, y referencia obligada de la literatura de la llamada Era del Jazz. Poco quedó de ella en la conocida versión cinematográfica de alrededor de 30 años después, interpretada por la cansina Marilyn Monroe.

Anita Loos era diferente, comenzó como redactora de rótulos de las películas mudas. Suyos son, por ejemplo, los de "Intolerancia" (1916) de Griffith. Su habilidad para idear textos llenos de ingenio y frescura, le permitió, en el momento en que comenzó el cine sonoro, encontrar el filón necesario para explotar su capacidad en la redacción de diálogos brillantes y llenos de humor que tuvieron un enorme éxito entre sus contemporáneos.


Aquél mundo, como todos, estaba lleno de la más variada gama de personajes: la flapper que terminaría siendo una estrella de la radio y la televisión en Inglaterra; la actriz de origen ruso que era conocida por las fiestas libertinas que celebraba en su mansión conocida como El Jardín de Alá, y que hizo de madrina en el bautizo de la que con el tiempo sería la primera dama Nancy Reagan; el gran y talentoso ilustrador cuyo suicidio anunciado lo hundió durante mucho tiempo en el más injusto de los olvidos;  la concienzuda y personal escritora y guionista que se abrió camino con arrojo y coherencia en un mundo tradicionalmente reservado para los hombres…

Al fin y al cabo, vidas, todo tipo de vidas que, como las nuestras, giraron en torno a su tiempo. En su caso a aquellos días que ahora, a casi un siglo de distancia, conocemos como la era de Jazz.

Lions and tigers and bears, oh my!