miércoles, 19 de abril de 2017

Aguamixa. 12 años.


Recuerdo que hace algún tiempo, el 10 de abril de 2007, recogía una entrada  escrita por la mano de Diderot en el tomo I de la Encyclopédie. Se refería al término Aguamixa: 

“Aguaxima, una planta que crece en Brasil y en las islas de América Central. Esto es todo cuanto se nos dice de ella. Y a mí me gustaría saber para quién se hacen descripciones como ésta. No puede ser para los nativos de la región, quienes obviamente conocen más características de la aguaxima que las que incluye esta descripción y que no tienen mayor necesidad de ser informados de lo que crece en su propia tierra: sería como decirle a un francés que el peral es un árbol que crece en Francia, Alemania, etc… Tampoco está hecha para nosotros; porque ¿qué puede importarnos que crezca en Brasil un árbol llamado aguaxima, del que desconocemos todo salvo el nombre? ¿A quién puede resultarle útil saberlo? Deja en la ignorancia a quienes ya lo estaban antes; no enseña nada a nadie. Si menciono esta planta, y varias otras igualmente mal descritas, es en atención a aquellos lectores que prefieren no encontrar nada en un artículo de Diccionario, o incluso encontrar una estupidez, a echar de menos el artículo en cuestión.”

Por una asociación de ideas es lo que me viene hoy a la cabeza cuando resumo y celebro mi 12 cumpleaños como blogero. De hecho, es algo que no deja de producirme cierta perplejidad, recordando que cuando empecé lo hice sin ningún afán de llegar demasiado lejos, ni con la confianza de que esto tuviera sentido. Las convicciones siguen siendo parecidas, si.  Pero no sé si es por la placidez que produce el dejarse llevar por la deriva, o por el desahogo que supone lanzar todo aquello que se me va ocurriendo al vacío infinito de una página en blanco, el caso es que sigo manteniendome aquí. Seguramente tenga también mucho que ver lo que he aprendido a través de la escritura, y la compañía que me ha procurado el intercambio de pareceres y conocimientos con todos los que dedicáis alguna parte de vuestro tiempo a asomaros por aquí.
El caso es que en el fondo de todo, no queda otra cosa que la esperanza de prevalecer -como no-, y poder seguir compartiendo con todos vosotros lo que a este juntapalabras se le ocurra. Que así sea.
“Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!”

8 comentarios:

  1. Que tú sigas y yo que lo vea. Que podamos seguir visitándonos, comentándonos, compartiendo... lo que se nos ocurra compartir. Que quizá sea, simplemente, el hecho de estar vivos.

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    1. Así sea, que mientras haya curiosidad y ganas de compartir los hallazgos, ocurrencias o cosas vividas, seguiremos vivos.

      Salud!

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  2. Un buen y fructífero recorrido por esa invisible senda tan visible donde todavía quedan pequeños merenderos donde saltan y se combinan las palabras.

    Doce años y los que vendrán... Porque el sano vicio de escribir, comunicar, intercambiar, interactuar termina siendo una adicción sinn tratamiento posible.

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    1. No hay tratamiento, tienes toda la razón. Y espero que los que vengan con la misma afección sean más, muchos más sin dejar oportunidad a ese desaliento que en ocasiones parece querer frenarnos.

      Salud!

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  3. Miyazaki, la vi con mis sobrinas, forofas forofas y como los buenos y malos no estaban claros en el guión, salieron un poco desilusianadas.
    Pero como decía el gran filósofo Jafa, importa mucho tener los bolsillos llenos de cualquier cosa.
    Salud y disfruta del camino.

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    1. Eso importa, lo de los bolsillos, para que si a uno le lleva el viento sea porque quiere.

      No se si lo sabe, pero pertenecemos ya por derecho al club de los viejos blogeros... ¿dará derecho a algún tipo de descuento en librerías, cines o locales de mala nota?

      Salud!

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    2. Si usted se lo plantea LLEVA UN CUARTO DE VIDA ESCRIBIENDO EN UN BLOG. ¡Ahí es ná!

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    3. Casi, casi, si señor. Y usted por ahí andará... Y que sigamos "palante"...

      Salud!

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