jueves, 30 de abril de 2015

Man Ray en Bidart: Emak Bakia


Hace un par de sábados, el día en que una tormenta nos atrapó recorriendo el sendero de la costa entre Bidart y San Juan de Luz, encontramos algo curioso. Se trata de una de tantas villas elegantes y de alto copete que hay, sobre todo, en los alrededores de Biarritz y Bidart. Al salir de este última, en dirección a Guéthary y una vez pasada la playa de l’Uhabia, se encuentra uno en el camino de Parlementia con una casona blanca, de tres pisos y una logia adornada con arcos en el segundo, que casi cuelga del acantilado, asomándose a una de las más hermosas miradas que existen de la costa vascofrancesa. La casa se llama Emak Bakia.

Me llamó especialmente la atención porque en su entrada encontré una placa que decía que en ella  Man Ray filmó en 1926 una película que había sido bautizada con el nombre de la casa.

¿Emak Bakia?

Si, algo así como “Déjame en paz”.

Emak Bakia, es el nombre de la segunda película del fotógrafo Man Ray. Se supone que es un poema cinematográfico, absolutamente visual y sin ningún hilo narrativo, en el que narra el sueño de una mujer, empleando diferentes técnicas cinematográficas de las que ya había echado mano con éxito tres años antes en el Retour a la Raison.

Lo apasionante de la historia es todo lo que había alrededor. En primer lugar su protagonista: Kiki de Montparnasse, alias de Alice Prin, la entonces conocida modelo, cantante y actriz que se convirtió en musa de numerosos artistas: ChaïmSoutine, Francis Picabia, Jean Cocteau, Alexander Calder, Per Krohg, Hermine David, Pablo Gargallo, Toño Salazar, MoïseKisling, y claro está ManRay. Fue tal su fama que fue coronada oficialmente entre los suyos como la "Reina de Montparnasse". Su vida resulta tan interesante que ha dado para novelas, biografías e incluso, algún comic.



No queda claro por qué ManRay llegó a Biarritz aquél 1926 en que filmó su película a nombre de la casa, pero sí que llevaba en el bolsillo 10.000 dólares que le había prestado Arthur Wheeler, y en la cabeza la idea de quedarse una temporada en la costa vasco-francesa para rodar una película. Seguramente acabó por decidirle el hecho de que una señorita rusa, de esas que eran ricas princesas huídas de la revolución, le ofreció su casa para dar forma al proyecto cinematográfico del que seguramente le había estado hablando. La casa, como es de imaginar, no era otra que esta Emak Bakia.

Allí trabajó Man Ray durante cosa de un mes, acompañado únicamente por un ayudante de cámara y rodando una película con total libertad. Así fue como se le ocurrió lanzar su cámara al aire, a diez metros de altura, y recogerla antes de que se estrellara contra el suelo, incluyendo en su película las inconexas imágenes que se grabaron durante el vuelo. Rodó también los pies de la señora Rose Wheeler bailando un animado charleston en la puerta de 'EmakBakia', el despertar de unos cerdos, un rebaño de ovejas y unas olas de mar.

Parece ser que la película se convirtió, con los años, en una de las obras icónicas del cine experimental, aunque con el tiempo se terminó por olvidar dónde estaba exactamente la casa que le daba nombre.

Pero su nombre y su vinculación con el País Vasco Francés siguió latente. En los años ochenta, Bernardo Atxaga encabezó un grupo de artistas vascos que crearon una pequeña editorial vanguardista a la que llamaron Emak Bakia Baita. En Florencia, trabajan unos diseñadores que se enamoraron de la película y llamaron Emak Bakia a la marca que han creado.

Hace unos años el realizador y periodista navarro Oskar Alegría se embarcó en la búsqueda de la casa, dedicándole una película documental que se estrenó con tal éxito en el BACIFI de Buenos Aires, que de ahí pasó a exhibirse en festivales como los de Edimburgo, San Sebastián, Distrital -en México-, o Telluride -en EE UU-, donde la calificaron como una “maravillosa apuesta narrativa”

A través de diferentes artículos y entrevistas que he encontrado, leo que Alegría planteó su película como una búsqueda, como la historia de un viaje improvisado, con una sucesión de encuentros inesperados hasta descubrir el lugar donde Man Ray filmó su cine poema. Según cuenta, en su búsqueda de la casa al borde del acantilado, revisó los archivos de Biarritz –creyendo que estaba ahí- sin demasiada suerte. Las únicas pistas seguras que tenía eran la imagen de una playa, un acantilado sin urbanizar y un balcón con dos gruesas columnas.

Armado con una imagen extraída de la toma del mar que Man Ray rodó desde el propio balcón de la casa, Alegría recorrió la costa preguntando y remirando una y otra vez. Al fin, después de un tiempo, dio con ella en el mismo lugar en el que yo me la encontré. Afortunadamente para mí –o no-, el pasó antes, y seguramente a consecuencia de su hallazgo y su película se colocó la placa que llamó mi atención.

La película de Alegría, a diferencia de la que originariamente dio lugar a su búsqueda, tiene para mí el interés de lo que es en sí, el valor de algo que me apasiona sobre todas las cosas: el proceso de búsqueda, la toma de decisión de inciarla, las razones que la motivan y los encuentros que se dan por el camino...

Así, Alegría no se detiene en la película, sino que reconstruye la tortuosa historia de esta casa, construida por un arquitecto rumano, de acuerdo con el gusto de su patria, con materiales traídos de ella y por encargo de una familia principesca originaria de aquél país.

Por razones no muy claras, poco después del paso de Man Ray por ella, la casa fue vendida por dos millones de francos a un viticultor de Burdeos, que la rebautizó como Ville Gérard. De 1939 a 1945, sirvió de puesto de vigilancia fronterizo a las tropas ocupantes alemanas que, antes de huir, saquearon en buena medida el edificio, y en 1951 fue adquirida por ocho millones de francos por el comité de empresa de la fábrica aeronaútica Socata de Tarbes, como lugar de recreo para sus trabajadores y sus hijos.

A pesar de que desde entonces se ha convertido en una casa vacacional de empresa, según dicen quienes han entrado en ella, todavía es posible admirar su gran chimenea coronada por Medusa, los ornamentos de madera propios del país balcánico o la balconada con vistas al Atlántico cuyas columnas fueron inmortalizadas en la película.

Cuentan, que mientras buscaba la casa, un arquitecto amigo suyo le contó a Alegría que había tenido noticia de que una anciana residente en Francfort estaba también intentando dar con ella… Era la nieta de quien mandó construirla, una tal Maria Despinazu Sayn-Wittgenstein, cuyos primeros recuerdos están asociados a las dependencias de esa casa. Gracias a este encuentro, con 94 años , Maria volvió a revivir sus tiempos de infancia desde aquél hermoso mirador ante la cámara de Alegría.




Parafraseando a uno de los artículos que me dieron luz sobre todo esto, hay una cita de mi querido Alvaro Cunqueiro que viene como anillo al dedo para una ocasión como esta:

«no todo lo que está enterrado, está muerto».



domingo, 19 de abril de 2015

Charles de Batz cumple 10 años



Tal día como hoy, hace diez años, asomaba a la red el primero de mis blogs, un cuaderno ya casi olvidado al que llamé "Ex OrienteLux". La verdad es que fue una decisión muy poco reflexionada, apresurada en extremo, y con pocas miras en la perdurabilidad de la persona a la que ese mismo día dí a luz, y que desde entonces firmaría los hasta ahora cinco sucesivos cuadernos que han ido apareciendo: Charles de Batz.

Durante todo este tiempo, Charles ha ido convirtiéndose en una parte importante de mi. Tanto que a medida que ha pasado el tiempo, resulta casi imposible diferenciarnos a uno de otro. De hecho él es quién escribe en este momento, y yo quién lo lee. ¿O será al revés?

No quiero aburrir a mi siempre paciente lector con recuerdos de lo pasado en estos diez años, a la derecha tiene la lista de todos los cuadernos y curioseando en ella podrá si desea hacer memoria de ello. Tampoco recordaré la cantidad de personas que en su paso por estas casa se han convertido en personas muy queridas, algunas de ellas ya con años de solera, otras a las que además he podido llegar a conocer personalmente, y todas con unas tragaderas enormes, pues han llegado a leer textos interminables sin cambiar el gesto, y dejando a cambio un generoso comentario.

Gracias a todos vosotros por todo esto, a los que seguís por aquí y a los que os marchasteis en algún momento de estos diez años. Gracias por acompañarme los días de sol, y los de lluvia, y los que tronaron, y aquellos en los que a este lado de la pantalla luchaba por contener alguna lágrima, o me sentía la persona más feliz y plena del universo...

Gracias por acompañarme en todos estos momento, mis queridos amigos.

Salut et fraternité

domingo, 12 de abril de 2015

El caso Andrea del Sarto



Vasari hablaba de una obra de Andrea del Sarto que debía de consistir en la representación de una Madonna con el niño en sus brazos, Santa Ana y San José. Según se cuenta, estaban pintadas de una hermosa manera, y era tanto el placer que producía el verla, que su propietario, Baccio Barbadori, lo tenía en muy alta estima y lo guardaba en lugar preferente de su casa.

El interés por saber de esta obra me llegó de la parte de Friné, quién según me dijo, estaba intentando dar con una imagen de la misma, a partir de una noticia sobre su localización, en la nota a pié de página de una reciente edición, que la situaba nada más y nada menos que en Nueva York, en la Catedral de San Patricio.

Hasta aquí es cosa sabida por lo que contábamos en la anotación anterior. En los comentarios a dicha anotación contribuimos muchos de los que pasamos por esta casa con nuestras propuestas y búsquedas, pero con las que, según parecía, no sacamos nada en claro.

La mejor solución era, a nuestro entender tirar de los dos extremos de la búsqueda para averiguar si sacábamos algo de ello:

Extremo número 1. Catedral de San Patricio. Intercambiamos varios correos electrónicos con la persona responsable de prensa y comunicación de la Catedral de San Patricio de Nueva York, pero tras varias aclaraciones y consultas por su parte, el resultado fue poco esperanzador: nada de nada. La única imagen de una madonna que dicen tener es una de la Virgen de Guadalupe, nada más. No obstante, nos señaló que había otro San Patricio en Nueva York, cerca de aquél, al que llamaban “el viejo”.
Ni cortos ni perezosos escribimos en los mismos términos al Old St. Patrick y como respuesta obtuvimos un claro, irrefutable y decisivo silencio: ni se dignaron en responder a ninguno de los tres correos electrónicos que les enviamos. Ante lo cual, decidimos seguir una doble vía de actuación:

- Insistir, aunque sea ya por molestar, hasta obtener siquiera un cansado no por respuesta, pues es lo mínimo que la educación de los destinatarios debería devolvernos.

- Pasar a ver qué ocurría con el extremo número 2 de la búsqueda.

Extremo número 2. La dichosa nota a pie de página de la reciente edición de Cátedra, dice algo así como:

“Entre las numerosas copias de la obra, se considera como el probable original la tabla de la catedral de San Patricio en Nueva York.”

Será mejor centrarse en la localización de la obra y dejar de lado otras valoraciones, que en esta nota hay flores como para montar un jardín, es especial lo referido a copias y originales.

La idea con este “extremo” era la de dirigirse al autor de la nota de marras –supuestamente aquél a nombre de quien hubiera puesto la edición “definitiva-corregida-actualizada-y-mejor-de-todos-los-tiempos”-, y preguntarle de dónde se había sacado la tal afirmación, y dar de una manera u otra con el camino para alcanzar por fin nuestro objetivo.

El caso es que estábamos listos para ello cuando resultó que el servicio de información de Friné nos hizo saber que la dicha nota no era original, sino más bien de aluvión, es decir: copiada tal cual de ediciones anteriores, (nos mencionaron una inglesa, por ejemplo) y según creo, sin comprobar.

Con todo esto, era el momento de pasar a las conclusiones y decidir si seguir o no.

Para mí que hay uno o varios errores en todo el asunto. Empezando por Vasari, y siempre considerando que su descripción es exacta, podemos hablar de que las traducciones que se han hecho de ella empiezan ya a diferir un poco: en la mayor parte de ellas se dice que el niño está en los brazos de su madre, pero hay otras –por ejemplo la edición de 1996 de la Universidad Autónoma de México-, en las que lo traducen como que tiene el niño colgando del cuello.

Todo esto, está claro, se resuelve recurriendo a la edición en lengua original, pero nos sirve de muestra para la idea de que traducciones –el famoso lost in traslation- y el paso del tiempo, han podido hacer con lo que nos ocupa; en concreto con el hecho de que es posible que la obra que la dichosa nota sitúa en San Patricio de Nueva York, ni esté ya ahí, ni sea ese obra concreta –aunque sí otra del mismo autor-, y, además, se trate de una copia, no del original.

Los argumentos en los que me apoyo para creerlo, fueron saliendo en la anotación anterior, pues aunque en ninguno de los San Patricios neoyorquinos han sabido darnos cuenta de ninguna obra de del Sarto, sí que sabemos que en los años 40 del siglo pasado se hizo a dicha catedral donación de una Sagrada Familia con San Juan y Santa Isabel atribuida a dicho autor. En concreto ésta que ya veíamos la vez anterior.



Digo atribuida porque el original si que es obra de su mano, pero esta que se donó, difícilmente puede serlo dado el bajo precio al que la vendió la Catedral –entendemos que con fines benéficos- al marchante rumano Vlaicu Ionescu, allá por los años 70. En este sentido Frine sacó a la luz una lista de tasadores que a lo largo de los años había analizado la obra, llegando todos a esa misma conclusión.

El caso es que para cerrar el círculo, y como ya cuento en una nota del escrito anterior, una información de Associated Press de 4 de marzo de 1990, cuenta que el tal Ionescu, sufrió en esas fechas un robo en su apartamento del barrio Neoyorquino de Queens, de donde le llevaron ''The Barbadori Holy Family with St. John and St. Elizabeth'', además, curiosamente, de un anillo que el tal Ionescu consideraba de su paisano Vlad Tepes, el famoso Drácula. El caso es que a uno se le sigue quedando el regustillo a que o no sabemos de que hablamos, o sigue faltando una última pieza en este puzzle, pues he aquí que al tal cuadro se refiere la nota como el Barbadori, a pesar de que las personas representadas no son las mismas que describe Vasari.

Por lo tanto, y en resumen, pienso que la dicha obra no está donde dice la nota, que es posible que no estuviera nunca, y que dar por buenas notas a pie de página e incorporarlas a una edición que quiere considerarse solvente, es algo que a mí no me dejarían hacer… Pero es que yo, ni escribo, ni me conocen, y, además, vendería más bien nada.

Y dicho todo esto, pienso que quizá sea mejor dejarlo ya aquí, pues, siguiendo una vez más a Petrarca, “aunque todas esas cosas fueran ciertas, no tendrían ninguna importancia para la vida feliz. Porque de qué me aprovecharía conocer la naturaleza de los animales, pájaros, peces y serpientes e ignorar o desdeñar la naturaleza de los hombres, el fin para el cual nacemos, de dónde venimos y a dónde vamos”


viernes, 20 de marzo de 2015

Sobre una sagrada familia de Andrea del Sarto


Un comentario en mi anterior entrada, escrito por la hetaira Friné, ha despertado mi la curiosidad acerca de la existencia y aspecto de una obra que parece estuvo buscando con ahínco su patrona, durante casi una jornada. Estoy seguro –pensé-, de que si se la consigo a Frine -esta vez sin acento-, su patrona en agradecimiento le rebajará el alquiler, y todos quedaremos, de un modo u otro, contentos: la una con su cuadro, la otra con su alquiler en plan outlet, y yo con mi sed de presa saciada.

Pero en apariencia no ha sido así, ya que parece que no he sabido dar con la obra del tal Andrea del Sarto, si nos atenemos textualmente a lo que dice el comentario de mi amiga Friné: que es una sagrada familia con Santa Ana de carabina. Nada más.

Lo único que he encontrado, tras revisar varias sagradas familias y muchas otras obras del autor, es lo siguiente:

- Una nota de prensa en el New York Times del 15 de mayo de 1941 contando que un tal Major Edwar Bowes donaba a la catedral de San Patricio de Nueva York un cuadro del tal Sarto fechado en 1515, el cual trata de una Sagrada Familia con San Juan y Santa Isabel. En principio debería descartarlo, pues Santa Ana no aparece por ningún lado.



La cual puesta en color y con la calidad a la que estamos acostumbrados hoy en día, quedaría así:


- En la "History of St. Patrick's cathedral" de John M. Farley, se cuenta que entre los fondos artísticos de la catedral, se encuentra el que donó una tal Rebecca Taft y que era una copia de la “Madonna del Sacco”. Pero de esa sabemos que, además de no tener a la tal Santa Ana, se encuentra en la Santissima Anunziata de Florencia. 

- Por último, puede darnos una pista el hecho que, según el libro que acabo de mencionar, que es de 1908, la copia donada por la tal Rebecca Taft era la única obra que existía de Sarto en aquél lugar, y desde entonces hasta el año 1941 no se encuentra ninguna otra referencia a dicho autor en relación con la Catedral… Yo me pregunto, ¿podría ser que o bien es la donada por Bowes la que se busca y se ha confundido Santa Ana por Santa Isabel; o bien que no se encuentra ni ha pasado por San Patrick de Nueva York? Bueno, también podría ser que se me ha pasado algo, o que me haya confundido en otra cosa, y, lejos de negarlo, espero que haya quien pueda ampliar esto que yo cuento y acabe por cerrar el círculo de búsqueda.

Como he comentado, durante el rastreo he repasado una buena cantidad de obras de Andrea del Sarto, y hay una que no recordaba y que ha pasado directamente a formar parte de la selecta pinacoteca de mi disco duro: se trata de “Retrato de una joven con un volumen de Petrarca” que es la que encabeza esta anotación.

Esta obra fue terminada hacia 1528 y se conserva actualmente en la Galeria de los Uffizi. La joven es Maria del Berrettaio, nacida en 1513 del primer matrimonio de la esposa del pintor. Se trata de una obra muy íntima pues, que invita por tanto a profundizar en ella, en lo familiar que se oculta tras sus sombras, a seguir las miradas que dirige la joven María y el rumbo de sus dedos que van a señalar un soneto, el 153, que según la primera traducción hecha al castellano en 1591 por Enrique Garcés, dice lo que sigue:

Sospiros míos id al pecho frío 
romped el yelo que a piedad contiende 
y si a ruego mortal el cielo atiende 
merced, o muerte acabe el dolor mío. 
Id pensamientos dulces mostrad brío 
por parte do su vista no se estiende, 
y si ella desto, o el cielo algo se offende 
daremos a esperança algún desvío. 
Qualquier de vos dezirme bien podría 
que nuestro estado es inquieto y fosco 
como el suyo pacífico y sereno. 
Id seguros de oy más, que amor os guía, 
ya la fortuna adversa tiene freno, 
si l’aura de mi sol yo reconosco. 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Una fara coronata



Se preguntará usted, uno de los miles de lectores que frecuentan este blog, por el motivo que ha hecho que cuaderno tan modesto y dedicado a las labores ganaderas, derive su discurso en esta ocasión al uso de latinajos tan engolados y faltos de fundamento con los asuntos que habitualmente nos ocupan.

La visita rápida y exclusiva -más que nada por no tener tiempo para otra cosa-, que hice ayer a la corona de Recesvinto en el Museo Arqueológico Nacional, me trajo a la memoria y la reflexión una serie de ideas que quisiera compartir con vuestra paciente atención:

- Lo primero, que siendo mi primera visita al MAN, me he quedado con una sensación muy fría. Pero -dirán-, si no ha estado ni media hora. Pues si, no pasé de estar ese tiempo, pero me quedé con que a dos de las tres personas del museo a las que pregunté por la corona, no tenían claro de qué les hablaba ¿?. La vitrina donde estaba -y aquí revivo un comentario de nuestra Anarkasis-, tenía más brillos y reflejos que las bolas del Studio 54. Y, por quedarme sólo con tres, la tienda parecía más la del Club Christian Jaq con su -casi- todo de cosas egipcias, que las del MAN. Perdón, pero es que encima el nombre, así, me recuerda más a esa revista masculina de gran tamaño que creo todavía puede encontrarse en los quioscos.

- Pero, a pesar de todo, la escapada con riesgo de perder el modo de vuelta a casa valió la pena. Ahí estaba la corona. ¿Corona? Bueno, realmente no, así se llama, pero si nos atenemos a su uso, los que saben de esto la llamarían fara coronata, esto es: lámparas con forma de corona, que solían colocarse en determinados templos como ofrendas de reyes o altas dignidades de las época. La costumbre era colocarlas bien encima del altar, o bien entre las columnas de las naves. Entiendo yo que también representaban la presencia Real en el templo y, desde Recaredo, reafirmaba la vinculación de la iglesia de godos e hispano-romanos, con la corona. Vamos, en su afán unificador y aglutinante se correspondería con lo que hoy es la "Copa del Rey".

- Esta de Recesvinto, parece ser presidió varios Concilios Toledanos -lo más de la época en reuniones de alto nivel-. Así que a uno le puede volar la imaginación el hecho de pensar lo que pudo ver y oir la dicha corona. ¿O no?.

- Si, al observar de nuevo la corona, pensamos en que muchas de sus perlas, zafiros y granates son muy probablemente -según se lee en el mágnífico estudio editado por Alicia Pereda-, originarias de Ceilán, y la plata de las minas alpinas de la región de Habachta, es posible que se multipliquen las interrogantes acerca de la corona y del modo en que cada una de sus piezas llegó a manos de su fabricante. El solo hecho de imaginar ese "cómo", es ya un reto para cualquier investigador y un ofrecimiento para la imaginación...

- Parece ser que la Corona de Recesvinto, junto con el resto del tesoro de Guarrazar fue ocultado allá, entre las tumbas del Monasterio de Sorbaces, para protegerlo de los invasores musulmanes, creyendo que dicha ocupación sería cosa pasajera, y podría volverse a por él. Se tiene noticia del traslado a la ciudad fortificada de Amaya de otra parte mayor del tesoro Toledano -incluida, según algunos mitómanos, la mesa de Salomón-. Esta era la antigua capital de los cántabros conquistada por Leovigildo, tal y como cuenta en 636 San Braulio de Zaragoza en su "Vida y milagros de San Millán". El caso es que Tariq persiguió a los nobles godos que habían huido hasta allá, dándoles caza y haciéndose con esa parte de la riqueza gótica.

- De lo importante que tuvieron que ser las riquezas ganadas y las conquistas en tierras godas para sus autores, hay un curioso testimonio, a miles de kilómetros de la península, en Qusayr Amra, en Jordania. Allá, en medio de una desierta llanura, se pueden encontrar unos antiguos baños y residencia en la que se suponen pudieron estar Musa y Tariq a su regreso del reino de Toledo, llamados por el emir Omeya de Damasco.

Entre las escenas que adornan dicho lugar y que han sobrevivido a duras penas al paso del tiempo, hay una que representa a seis reyes que rinden homenaje al califa. Entre ellos encontramos a Roderikos, el rey Rodrigo, de pie junto a otros regentes: el emperador bizantino, el negus de Etiopía, el shah persa, y dos más que se suponen son el emperador chino y un rajá indio. Estos soberanos, de una u otra forma, habían entrado en colisión con el Imperio omeya y el fresco parece querer representar su sometimiento. Cada personaje es identificado con su nombre escrito en griego y árabe. Durante los trabajos de restauración, en las proximidades de las figuras, se identificaron las letras  NIKH que según los historiadores aluden a la palabra griega nike -victoria-. 



- El hallazgo de la corona de Recesvinto tuvo lugar en 1858 en circunstancias -en mi opinión-, nunca aclaradas del todo, y está vinculado a los corrimientos de tierra que pusieron al descubierto varias tumbas de época visigoda, entre las que se encontraba la del presbítero Cripinus. La losa de dicha tumba se encuentra también en el MAN, frente a las coronas, y en ella se lee:

"Quienquiera que leyere el epitafio de esta lápida, mira: fíjate en el lugar y observa sus alrededores. Ministro sagrado, he preferido poseer un sagrado lugar. Viví de esta vida los tiempos de sesenta años, al morir me encomiendo a la protección de los santos, para resucitar debidamente en su compañía cuando la llama voraz viniere a incendiar la tierra. Acabado el curso de la vida, Crispín, presbítero, pecador, aquí descansó en la paz de cristo. Año de la Era 737"

- No voy a entrar en honduras sobre lo que ocurrió después, pues queda a la espera de encontrarse quien sea capaz de ordenar y averiguar lo que realmente pasó. Oficialmente, las coronas y otras joyas encontradas fueron vendidas en fragmentos a un oficial francés que impartía clases en la academia de Infanteria de Toledo, el cual se las llevó a un conocido suyo José Navarro. Ambos se fueron con ellas a París para venderlas al recién creado Museo de Cluny. Allá fue donde se monto la corona de Recesvinto y se mostró, hasta que, muchos años después fue devuelta a España.

- Es curioso, pero el hallazgo atrajo durante mucho tiempo a aquellas tierras de Toledo a muchos buscadores de diferentes fortunas, entre los cuales está un personaje tan extraño como reconocido en los mundos de la tesorería esotérica, como lo fue el abad Francois-Bérenger Saunière de Rennes-le-Chateau. Hubiera sido curioso saber qué es lo que hizo por aquellas tierras, aunque por ahora sólo se tenga un vago testimonio de su viaje a la antigua capital goda.

Y llegado a este punto, pitó el teléfono. Se estaba quedando sin batería, y yo sin tiempo para más. Tenía que marcharme corriendo al metro, y de ahí ascendería a los cielos para volver, de nuevo, a pisar la sólida superficie de la realidad.

miércoles, 4 de marzo de 2015

!De otras peores hemos salido!



Hablaba ayer de mirar al futuro con optimismo. Aquí podría haber un motivo para ello. ¿O no? 

Dicen que mal de muchos es consuelo de tontos, y se me ha quedado un cierto sinsabor al profundizar en el mensaje de una exposición que, bajo el título !De otras peores hemos salido!, organizó la Junta de Castilla y León el pasado 2014.

No se si será que Radio Esperanza no es mi emisora favorita, y de ahí mi desconfianza hacia todo lo que se envuelve con un hermoso lazo de colores. O que me quedo con la idea de que me quieren volver un conformista, argumentando que, a pesar de mucha crisis, hubo quién ha vivido peor... y mejor también.

Sin embargo, recomiendo una visita al catálogo, plagado de magníficas imágenes del pasado y conmovedores datos de lo que pasamos no hace tanto tiempo. Por ejemplo:
  • La esperanza de vida los españoles se situaba por debajo de los 30 años en 1880; en 1940 estaba en los 50 años y al finalizar el siglo XX era ya de 78 años.
  • Durante los años 40 y 50 del siglo XX, el pan blanco, los zapatos de cuero y la carne fueron un artículo de lujo para la mayoría de la población española.
  • En 1900, la media semanal de trabajo de la población obrera en España era de 64,8 horas y en el año 2000 de 36,1 horas.
  • Únicamente las generaciones nacidas en democracia a partir de 1978 han estado escolarizadas en su totalidad entre los 5 y los 15 años
  • El 63% de los españoles eran analfabetos a comienzos del siglo XX. En 2005, la tasa se redujo hasta el 2,15%
  • La asistencia sanitaria alcanzaba al 22% de la población española en 1945 y al 50% en 1964.Únicamente con la llegada de la democracia se logró la asistencia sanitaria pública universal
En la foto de Aurelio Pérez Rioja, el "Tío Melquiades" nos observa desde 1909 sentado en el Espolón de Soria, ignorando, seguramente, que cien años después iba a ser mostrado como paradigma de la esperanza. Así son las cosas.

martes, 3 de marzo de 2015

La vaca y el rabino


Puesta la vaca en su sitio, creo que es menester dedicar unas líneas a Fernandel, que es quien la acompaña, y a todo lo que puede significar para mí desde la perspectiva de hoy en día. Bueno, no me pasaré, me limitaré a contar un par de cosas, que si no vuelvo a la manía tratadista y espanto a todos los que de buena fe os habéis venido a tomar un trago de leche fresca y espumosa en mi compañía.

A Fernandel le recuerdo de aquellas películas que veía de pequeño en la televisión francesa. He de apuntar que por aquellos primeros años 70, y los últimos de los de la década de los 60, la proximidad con la frontera nos permitía disfrutar de las cadenas de aquél país como si estuviéramos en él. Era, en aquél entonces, todo un lujo.

Con Fernandel, como con Louis de Funes, Bourvil, etc... teníamos en aquél entonces las risas garantizadas. He de reconocer que la serie de Don Camilo, con un cura hablando a todas horas con un crucificado que se expresaba como un ventrílocuo, sin abrir la boca, me daba bastante mal rollo. Sin embargo, "La vaca y el prisionero", "La cuisine au beurre" o "Topaze", me hicieron pasar muy buenos ratos.

Mi favorito era Louis de Funes, sobre todo sus histriónicas andanzas como gendarme en St. Tropez, o como aquél delirante Víctor Pivert en "Las locas aventuras del Rabbi Jacob", donde además podemos encontrar una de las escenas consideradas como más hilarantes del cine frances:



Hoy en día vemos muchas de estas películas de manera muy diferente, pues ellas siguen siendo las mismas y, sin embargo, no parecen causarnos el mismo efecto. Se nos hacen algo más lentas, más sentimentaloides, e incluso más infantiles en ocasiones. Es una contradicción pensar, por otro lado, que pertenecen a un mundo mucho más duro, lleno de cicatrices, pero quizá también más confiado en el futuro.