En ocasiones uno llega a la convicción de que las palabras, tal y como las usamos, no son otras cosa que hermosos escenarios de cartón piedra vacios, sin contenido y levantados, o empleadas en el caso de las palabras, para dar al público una apariencia que nada tiene que ver con la intención de su autor.
Desayunabamos esta mañana en un bar acompañados de un ejemplar ya muy manoseado de "La tribune de Geneve", cuya portada llamó pronto mi atención. En ella, el reportero de turno manifestaba su satisfacción por el hecho de que este año había aumentado el número de turistas "del Golfo" en todo el cantón de Ginebra. Los comerciantes, según cuenta, están como locos, y en los bares se están poniendo las botas de disimular whisky en tazas de té. Todo un negocio.
Como lo de dar con el origen de un fenómeno de esta magnitud es algo a lo que está esperando un periodista toda su vida, el nuestro ha puesto manos a la obra y sin mucho esfuerzo ha logrado desvelar el misterio: se trata de una cuestión de tolerancia. ¿De tolerancia? Si, de tolerancia.
Parece ser que hasta ahora, esos turistan pasaban sus vacaciones en la vecina Francia, pero como en este país han tenido la ocurrencia de prohibir el uso del niqab, han optado por trasladar su residencia vacacional al área de Ginebra, por ser esta más tolerante.
¿Tolerante? A alguien como yo, que ha recibido a lo largo de su vida una formación más bien mediocre, le gustaría que le explicaran qué es exactamente eso de la tolerancia en estos casos... Al final, se me ocurrió echar mano del diccionario de la RAE, y ahí, en la acepción número 2, encuentré lo siguiente:
"Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes a las propias"
Esto me casa perfectamente con lo que dice nuestro periodista en relación a la tolerancia, pues es ejercitarla el admitir que haya personas que consideran a las mujeres como objetos de su propiedad, que deben salir a las calles embuchadas en un buzón de tela. Por supuesto, debo admitir que consideren a las que no son así como simples fulanas...
En resumidas cuentas, esa tolerancia nos induce a admitir la esclavitud, los malos tratos, el abuso, y lo que sea, pues no son otra cosa que ideas y creencias diferentes a las nuestras.
En relación a esto, me viene al recuerdo el magnífico "Castiello contra Calvino" de Zweig -muy a propósito hablando de Ginebra-. En él, se cuenta como Castiello denuncia a Calvino por la quema de Miguel Servet, y escribe aquello de:
"Matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre"
Creo que no hace falta que explique el paralelismo que veo en aquellas palabras con la que pienso de esa supuesta tolerancia: permitir que alguien considere a otro como un ser inferior y de su propiedad nunca será una cuestión de tolerancia, será siempre permitir que alguien considere a otro como un ser inferior y de su propiedad.
Y desde luego que considero que hay que ser muy ingenuo para creerse que ellas lo hacen por su propia voluntad, si no es por el hecho de que conservan inconscientemente un temor absoluto hacia cualquier cambio.
¿Tolerancia? Considero que todos debemos ganarnosla o merecerla, pero que en ningún caso debería regalarse a cambio de los beneficios económicos que va a ganar, en este caso, el cantón de Ginebra.








