viernes, 30 de septiembre de 2016

Splendor Solis


“Ovidio narra el caso de un sabio anciano que quería rejuvenecer. Para ello era necesario hacerlo pedazos y cocerlos completamente, pero no demasiado. Entonces los miembros volverían a juntarse y a recuperar el vigor juvenil.” Esta historia que cuenta Salomon Trismosin como si fuera algo que él mismo conociera de primera mano, y el propio lector estaba obligado a creer como cosa cierta, es una de las tantas fábulas alquímicas que se recogen en las páginas del Splendor Solis, una de las obras clásicas en esa materia.

Merece la pena fijarse en el detalle de la paloma que bailotea sobre la cabeza del recién reconstruido anciano, y que no es otra cosa que su espíritu dispuesto a retornar a ese cuerpo recompuesto tras haber sido troceado… Por si fuera poco, parece ser que para reparar la avería en condiciones, el baño debe hacerse en un preparado a base de mercurio, que no todo va a ser disfrutar.

Esta es una de las tantas ilustraciones que contiene el “Splendor Solis”, de un tal Salomon Trismosin, a quién durante mucho tiempo se identificó con Ulrich Poysel, maestro del mítico Paracelso. Pero en los últimos estudios que se han realizado de esta obra, se ha desechado su autoría y nos hemos quedado de nuevo sin saber quién fue realmente la persona que se ocultó tras el seudónimo del autor.

El caso es que esta obra, realizada en torno a la segunda mitad del siglo XVI, contiene 22 pinturas de gran formato, elaboradas según el estilo de la miniatura renacentista. Algunas de ellas son de muy difícil interpretación, bien por el hecho de que el propio autor tenía esa intención, o bien porque lo que tenía que explicar a través del dibujo era algo demasiado confuso. Pero esta dificultad es también una ventaja, pues la falta de claridad nos deja las puertas abiertas a la libre interpretación. Vean si no algunas de las imágenes, e interpreten a su gusto.


Existen varias copias más o menos contemporáneas de esta obra, que tienen la peculiaridad de estar iluminadas por distintas manos con mayor o menor fortuna. Dos de ellas son las más conocidas. La primera, la que se conserva bajo la referencia All.113 en la Biblioteca Nacional de Francia, es uno de los Splendor Solis más antiguos y refinados que se conservan, y fue un modelo utilizado para realizar copias posteriores,

La otra, puede consultarse en la British Library, con la signatura Harley 3469. Es seguramente la más conocida y la mejor estudiada de todas las copias existentes. Las propias ilustraciones, aún siendo muy semejantes, tienen mayor calidad que las de la que le sirvió de modelo, la de París. Un ejemplo comparativo.


De la copia de la British Library, tenemos además algo que para mí le da gran valor a una obra con la edad que tiene aquella: su trayectoria a lo largo de los siglos. Sabemos que John Evelyn, pintor de la corte del rey Carlos II de Inglaterra, debió encontrarlo en la biblioteca de Whitehall Palace el 2 de septiembre de 1680, y contó que contenía“los procesos para el Gran Elixir de los filósofos” y la adornaban pinturas de una gran belleza, tal y como aún podemos comprobar hoy en día. 

Se sabe que posteriormente fue su propietario el barón Johann Friedrich Böttger, hombre aficionado a las cosas de la alquimia, y conocido por haber dado con la fórmula para fabricar la porcelana. Más tarde pasó a manos del teólogo alemán Johann Cyprianus, y de los herederos de éste llegó a la biblioteca privada de la poderosa y aristocrática familia Harley, protectora de artistas y eminentemente bibliófila, hasta que en 1753 lo compró la British Library, interesada seguramente por el que era considerado ya por aquél entonces el más bello tratado de alquimia que se conoce.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La mirada de Miriam Cooper



Mira.

Miriam Cooper, actriz de cine mudo. Una de las protagonistas de la legendaria "Intolerance" de D.W. Griffith, estrenada este año hace un siglo.

Ni más ni menos.

Simplemente Intolerancia, ahora como hace cien años.


Y esa mirada. La mirada de Miriam Cooper.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hacia todo aquello que ahora mismo resulta desconocido



Esta es una edición romana fechada en 1476 de la Geographia de Ptolomeo que me he encontrado casualmente, mientras curioseaba por las colecciones de mapas antiguos digitalizados que existen por la red. Les recomiendo encarecidamente que pulsen aquí y disfruten a pantalla completa de la calidad de la reproducción, y, sobre todo, del placer que produce el abandonarse a estas cosas...

Konrad Sweynheym, autor de esta Geographia, fue un clérigo de la catedral de Maguncia, cuya afición por las cosas de aquél nuevo invento que fue la imprenta, le llevó a dedicarse a ello por entero. Al tiempo, se asoció con un antiguo aprendiz de Gutenberg, Arnold Pannartz, con quien se trasladó al monasterio italiano de Santa Escolástica de Subiaco, huyendo del asedio al que había sido sometida su ciudad. Allí habían sido llamados ambos por el cardenal Giovanni Turrecremata, alias italiano del dominico vallisoletano Juan de Torquemada, protegido del papa Calixto III, llamado a su vez en el siglo Alfonso de Borja. Si este Juan de Torquemada tenía algo que ver con el archiconocido Tomás, el inquisidor, es algo que desconozco.

El caso es que Turrecremata era abad del monasterio de Subiaco, a unos 70 kilómetros al este de Roma, y hombre interesado como Sweynheym en las posibilidades que ofrecía la imprenta. Bajo su protección Konrad y Pannartz se convirtieron aquél año de 1464 en los primeros en editar un libro en Italia. Se trata de una obra del gramático latino Elio Donato, que desgraciadamente se ha perdido. A ésta le siguieron otras, de las cuales si se conserva algún incunable, como un "De oratore" de Cicerón, y un "De divinis institutionibus" de Lactancio, ambas de 1465.

Tras terminar en 1467 el "De civitate Dei" de San Agustín, ambos decidieron marchar a Roma. Habían sido llamados por la familia Massimo una de las más importantes de la aristocracia de la ciudad, que se decía descendiente de la "gens Fabia" en los ya lejanos tiempos de la República. Con ellos, y después bajo la protección del papa Sixto IV, realizaron algunos de sus más conocidos trabajos, cerca de 18 obras, hasta que allá por el año 1474 decidieron separarse.

Fue entonces cuando Sweynheym decidió comenzar a trabajar el grabado en cobre a punta seca con los mapas que ilustraban la Geographia de Ptolomeo, una obra muy codiciada en su época y que, dada su técnica de elaboración, prometía una excelente calidad. Desgraciadamente murió a falta de terminar la elaboración de los mapas, cosa que completó Arnold Buckinck.

Al visitar hoy en día la copia digitalizada de esta Geographia, la mirada de uno acompaña a los movimientos del cursor hacia el este, hacia lo que considera los misteriosos y oscuros confines de aquello que, en aquél entonces, era una mezcla no bien delimitada entre lo real y lo imaginado. La mirada, en fin, se dirige hacia lo ignoto, hacia lo que queda por descubrir. Quizá, inconscientemente esté intentando desperezar el ánimo y despertar los sentidos para llevarlos, con buen viento, hacia todo aquello que ahora mismo resulta desconocido.


lunes, 1 de agosto de 2016

Nubes

(Elliott Erwitt. The Tate Gallery. Rodin sculpture. London. 1993)

Llega el momento de dejar de mirar.

viernes, 29 de julio de 2016

El libro de los milagros


“En el año 1536 el doctor Johannes Doltzburger presenció un extraño fenómeno en el cielo de Medina en España. Fue en la séptima noche de febrero, cuando se preparaba para calcular el tiempo a través de su arte de la astronomía, que vio elevarse hasta un punto del cielo una nube negruzca, donde se encontraban luchando dos niños con el escudo del águila uno y la media luna el otro, tal como se muestra en este dibujo.”

Este suceso prodigioso, extraído del “Libro de los Milagros”, es recogida además en una obra colectiva dirigida por Jacquelin Kelen y titulada “Les Nuages et leur symbolique”, donde explica que la interpretación que se quería dar en aquél entonces a esta visión estaba relacionada con la deseada victoria del emperador de la cristiandad contra el turco. Pero no se confunda el lector, que no voy a hablar de temas de actualidad, pues aún pareciendo mentira sigue siéndolo. Tampoco voy a hablar de simbolismo de las nubes que éstas, para los pocos que me conocen, tienen para mí un significado muy especial que desplegaré en este cuaderno en el próximo escrito.

Voy a hablarles del “Libro de los Milagros”…

En julio de 2008, James Faber, un marchante londinense de arte especializado en dibujantes franceses de los siglos XVIII y XIX, adquirió un curioso libro en una subasta en Munich. Se trataba de una obra manuscrita que contenía  167 pinturas de acuarela y gouache, ilustrando cada una de ellas un acontecimiento milagroso. Faber observó que el último milagro del que se hablaba tuvo lugar en el año 1552, y encargó a un especialista que hiciera un análisis exhaustivo de su papel y materiales, para poder fecharlo con mayor precisión. Los resultados confirmaron que lo que se conoce como el Augsburger Wunderzeichenbuch (algo así como “Libro de los Milagros de Augsburgo”) data de mediados del siglo XVI, y como insinúa su nombre, fue seguramente hecho en Augsburgo.

 Es él se recopilan algunos hechos prodigiosos, fenómenos celestiales, desastres naturales, así como plagas y otros acontecimientos extraordinarios. Abarca desde la creación del mundo, revisando diversos episodios del Antiguo Testamento, pasando por las crónicas medievales, hasta llegar a los hechos recientes contemporáneos del autor. Las ilustraciones tienen un aire moderno, naif, y van acompañadas de breves explicaciones del autor. El “Libro de los Milagros” nos hace partícipes de los miedos y preocupaciones vigentes de las gentes del siglo XVI… En cierto modo, el estilo me recuerda al que posteriormente, sobre todo a lo largo del siglo XVIII, se emplearía en la elaboración de algunos exvotos.

Pero creo que mejor que hablar de esta obra, es disfrutarla. La lectura de los textos que va acompañando las ilustraciones es una verdadera delicia, un canto a la imaginación y a la recreación de la mentalidad de aquella época. Vamos a ver algunas de estas ilustraciones acompañadas de la traducción del texto que incluyó en cada una de ellas el autor:


“En el país de los romanos, en el año 73 a.C., una esfera dorada fue vista en el cielo, vino a la tierra, rodó sobre ella y voló hacia el aire nuevamente en dirección al sol naciente, por lo que su gran tamaño lo cubrió por completo. Esto fue seguido por una terrible guerra que sacudió a Roma.”




“En el año 1009, el sol se oscureció y la luna se tiñó de sangre. Hubo un un gran terremoto y cayó desde el cielo una enorme antorcha, tan grande como una torre o una columna, que produjo al chocar sobre la tierra un fuerte estruendo. Este fenómeno fue seguido de la muerte de muchas personas y una terrible hambruna en Alemania e Italia. Murieron más personas de las que permanecieron vivas.”




"En 1362, en tiempos de Otto, emperador de Sajonia, una piedra - maravillosa y grande - cayó del cielo en medio de un fuerte viento y lluvia. Aplastó a muchas personas y vino acompañado de un gran eclipse de sol"




“En el año 1496, en el mes de enero, en el momento del desbordamiento del Tíber cerca de Roma: apareció una maravillosa criatura muerta donde la furia y el poderío de las aguas del Tíber habían disminuido, y fue en esta forma, como se ha pintado”




"En el año 1527, un terrible viento de Turquía empujó a grandes hordas de langostas hasta el Reino de Polonia, causando un gran daño a las personas y el ganado. Las langostas eran de color gris y dorado, tal y como se pintan aquí"




“En el año 1531, el 26 y el 28 de enero, fueron vistos en el cielo nocturno de Lisboa en Portugal signos de fuego y sangre. Fue vista también en el cielo una gran ballena. Esto fue seguido por grandes terremotos, de modo que cerca de dos centenares de casas se derrumbaron y más de un millar de personas murieron”




“En el año 1533 un caballo en el aire fue visto en Bohemia, y un jinete, como si él quería montar, tal como está pintada aquí”




“En el año 1533 tres soles brillaron al mismo tiempo, como si hubieran nubes ardientes alrededor de ellos, y se mantuvieron por encima de la ciudad de Münster, pareciendo que la ciudad y las casas estaban en llamas, como se muestra aquí”




“En el año 1531 una maravillosa criatura, que era toda gris y peluda, con cabeza de un hombre barbado y cuatro patas con garras afiladas, fue capturada por los cazadores del obispo en el bosque en Salzburgo. Fue llevado a la corte, pero no quiso ni comer ni beber, por lo que sufrió horriblemente”




“En 1552, el 17 de mayo, una terrible tormenta con granizo cayó en Dordrecht, Holanda, haciendo pensar a la gente que llegaba el día del juicio final. Duró alrededor de media hora. Muchas de ellas llegaron a pesar más de una libra, y donde cayeron dejaron un terrible hedor”




“1533 años después del nacimiento de Cristo, en el viernes después de Santa Úrsula, el día 24, estos maravillosos dragones fueron vistos en el aire durante casi dos horas, a alrededor de las 10 de la noche, en varios lugares cerca de Hilpoltstein”




“En el año 1547, este precioso trigo creció en el condado de Flandes, a tres millas de Gante, en diversas formas y modalidades... Se tuvo noticia de un maravilloso milagro en el año 1539, acerca de una joven de la Diócesis de Speyer -Margaretha Weiss von Roth, trece años y medio-, quien se abstuvo de tomar cualquier sustento físico durante dos años y doce semanas. En aquellos años también, crecieron uvas peludas el Neckar y el Rin... “

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Como es de imaginar, y muy a pesar de los aficionados a encontrar fenómenos sobrenaturales, ovnis y demás cuentos en todo lo que cabe en su ecuación de la realidad oculta, la mayor parte de los hechos tienen muy poco que ver con lo que pueden insinuar. De todos modo, creo que lo que importa es conocer de donde procedía toda esta información que el autor traslado a imágenes. ¿Se la inventó? Parece claro que no. A mi entender las fuentes que empleó, al margen de las consabidas bíblicas, eran las hojas volanderas, pliegos de cordel o relaciones de sucesos, tan al uso por aquél entonces, y tan del gusto -de ser oídas más que de ser leídas- de aquellas gentes. En ellas se podía tratar cualquier tipo de sucesos, desde los relacionados con la actualidad política más o menos real de los reinos cercano, hasta otras de tipo milagrero, piadoso, novelero o fantástico, que eran de mayor gusto de las clases populares.

La evidencia de que el autor se nutrió en gran parte de este tipo de fuentes para ilustrar los sucesos que tuvieron lugar en fechas próximas a la creación de este manuscrito, es que existen varias referencias que lo confirman. En el libro que he citado inicialmente -“Les Nuages et leur symbolique”-, se habla de una hoja de este tipo, editada en Alemania unos 14 años después -1555-, haciendo referencia al suceso de los niños luchando en las nubes.

Pero existe más. Otro de los casos, el de Margaretha Weissin, tuvo también su versión en hoja volandera, anterior a la ilustración del libro, pues es de 1540. En ella se relata con más detalle la historia de esta joven: con unos doce años, dejó de alimentarse y continuó con su vida normalmente, durante los más de dos años de vigilia que se autoimpuso. Parece ser que todo terminó cuando el Futuro emperador del Sacro Imperio fue a conocerla, atraído por una fama que iba haciéndola santa a ojos de sus convecinos, y la convenció para que abandonara su penitencia.

De esta caso existieron inicialmente dos hojas volantes que cuentan la misma historia y muestran la misma ilustración. Posteriormente se llegó a publicar algún estudio en libros de medicina, pero esto ya es otro asunto. De las dos hojas referidas, una está en alemán y la otra en latín. La versión alemana se centra en narrar la historia personal de la joven Margarita de manera detallada, deteniéndose especialmente en su encuentro con el futuro emperador del Sacro Imperio Fernando. La  versión latina se centra en el informe de un médico que examinó a la joven, reconociendo la autenticidad de la enfermedad que la había hecho tan popular.

En resumen, el Libro de los Milagros tiene tanto el valor de sus ilustraciones - frescas, naif y modernas -, como el de lo que cuenta. Ha conservado para nosotros parte de lo que eran las creencias de las personas en aquellos tiempos, de lo que llegaba a ellas a través de las lecturas públicas y en voz alta de esas hojas volanderas llenas de prodigios y sucesos extraños, que a buen seguro, ocuparía gran parte de las conversaciones y preocupaciones más profundas de aquellas personas.

martes, 26 de julio de 2016

Lions and tigers and bears, oh my!


Lions and tigers and bears, oh my!
¡Leones y tigres y osos, ay Dios mío!

Se calcula que, a lo largo de su vida, Bebe Daniels participó en cerca de 230 películas, la mayor parte de las cuales fueron anteriores al cine sonoro. Aquí, en esta magnífica fotografía promocional, Bebe tiene 9 años e interpreta a Dorothy Gale en la primera versión cinematográfica que se conoce del “Mago de Oz” (1910). La imagen pretende recrear el momento en el que la pequeña Dorothy exclama rítmicamente, con sus compañeros de aventuras, aquello de:

Lions and tigers and bears, oh my!
  
Aunque no tuvo el mismo éxito que llevó al estrellato a Judy Garland en la versión de más de 20 años después, esta película, de unos trece minutos y medio, le sirvió a Bebe como catapulta para convertirse en una presencia habitual en aquellas primeras producciones cinematográficas. Se le puede ver compartir reparto con Harold Lloyd, Rodolfo Valentino, Cecil B. DeMille, etc… y, cómo no, haciendo primeras versiones de películas que alcanzarían mayor éxito en sus revisiones posteriores, como es el caso del “Halcón Maltés” de 1931, donde interpretaba el papel de Ruth Wonderly.

Pero el cine, el teatro e incluso el musical, fueron sólo algunas de las facetas por las que era famosa quien en su época fue una de las flappers más reconocidas del momento. Eran frecuentes sus apariciones estelares en todo tipo de evento artístico, sus escándalos, fiestas, idilios y, cómo no, su presencia entre las páginas la prensa rosa del momento. El Vanity Fair de septiembre de 1922 recoge una ilustración de Ralph Barton que la muestra en medio de un grupo de famosos del mundo del espectáculo de aquél entonces. ¿La reconocen?: seguro que sí, a pesar de que han pasado 12 años desde que interpretó a la cándida Dorothy.


Dice Ralph Barton en el artículo que acompaña a la ilustración, que ha dibujado a Bebe Daniels usando traje de rayas horizontales, porque la ha sorprendido recién salida de la cárcel, a dónde la llevaron tras ser detenida por exceso de velocidad. Queda claro pues, y más aún si ven sus fotos de aquella época, que efectivamente ejercía de flapper con todas las de la ley.

Sorprende en la ilustración de Barton la fidelidad con la que ha retratado a todos los personajes que se ven en ella. Especialmente me ha llamado la atención el caso de la virtuosa, teatral e interesante Alla Nazimova: la que representa casi tal cual es fotografiada por Arthur Rice en su interpretación de Marguerite Gautier en Camille, que filmó junto a Rodolfo Valentino en 1921, por aquella misma época. Todavía hay hoy en día alguien que mantiene una página web dedicada a preservar viva la memoria de esta actriz, cuya biografía está repleta de interesantes episodios que, por no desviar mi rumbo y tampoco cansarles, reservo para otra ocasión.



Está claro que Ralph Barton conocía perfectamente su trabajo, y lo hacía buscando no sólo el parecido con los personajes representados, sino proporcionándoles además, como buen caricaturista, un toque de ironía, que en el caso de ambas actrices se materializa en el traje a rayas de la Daniels, y el vestido y la pose afectada de la Nazimova. Barton fue, seguramente, el ilustrador más famoso de la América de los años de 1920, la del jazz, las flappers y esa nueva clase elegante surgida del mundo del espectáculo. 

Barton, que inició su carrera como corresponsal en Europa durante la primera guerra mundial, conoció la fama a partir de los retratos mordaces y elegantes que hizo de las estrellas del momento. A partir de ahí, sus producciones fueron requeridos tanto en forma de ilustraciones por revistas -Vanity Fair, The New Yorker, etc…-, como por los diseños de bufandas y todo tipo de complementos que realizó muy a la moda de aquél entonces.

Su obra más conocida sería la que hizo en colaboración con la guionista y escritora Anita Loos, para quién ilustró su novela “Los caballeros las prefieren rubias” (1925). Esta obra, un texto de apenas 160 páginas en forma de diario, se publicó el mismo año que El gran Gatsby, convirtiéndose en uno de los mayores best-sellers de la década, y referencia obligada de la literatura de la llamada Era del Jazz. Poco quedó de ella en la conocida versión cinematográfica de alrededor de 30 años después, interpretada por la cansina Marilyn Monroe.

Anita Loos era diferente, comenzó como redactora de rótulos de las películas mudas. Suyos son, por ejemplo, los de "Intolerancia" (1916) de Griffith. Su habilidad para idear textos llenos de ingenio y frescura, le permitió, en el momento en que comenzó el cine sonoro, encontrar el filón necesario para explotar su capacidad en la redacción de diálogos brillantes y llenos de humor que tuvieron un enorme éxito entre sus contemporáneos.


Aquél mundo, como todos, estaba lleno de la más variada gama de personajes: la flapper que terminaría siendo una estrella de la radio y la televisión en Inglaterra; la actriz de origen ruso que era conocida por las fiestas libertinas que celebraba en su mansión conocida como El Jardín de Alá, y que hizo de madrina en el bautizo de la que con el tiempo sería la primera dama Nancy Reagan; el gran y talentoso ilustrador cuyo suicidio anunciado lo hundió durante mucho tiempo en el más injusto de los olvidos;  la concienzuda y personal escritora y guionista que se abrió camino con arrojo y coherencia en un mundo tradicionalmente reservado para los hombres…

Al fin y al cabo, vidas, todo tipo de vidas que, como las nuestras, giraron en torno a su tiempo. En su caso a aquellos días que ahora, a casi un siglo de distancia, conocemos como la era de Jazz.

Lions and tigers and bears, oh my!

miércoles, 20 de julio de 2016

El misterioso caso del testigo que veía a través de las paredes


Esto que ven ustedes aquí, es la reconstrucción del escenario de un crimen cometido en la localidad cordobesa de Montilla el 28 de septiembre de 1715. A su manera, y con los recursos que tenían entonces, el corregidor de la ciudad, Agustín de la Madrid, inició una minuciosa investigación de los hechos que más parecían tener que ver con los métodos a los que nos tienen acostumbrados los detectives estelares de series como CSI, que con lo que se esperaba de aquellos tiempos más modestos y con técnicas de investigación menos depuradas.

Hasta donde he llegado a saber, el día de autos a las siete de la mañana, murió asesinado de un escopetazo en la calle Zarzuela Baja de Montilla, un tal Diego Troncoso, vecino de Córdoba. Informado de los hechos, el corregidor inicia el correspondiente proceso con el objeto de esclarecer qué es lo que ocurrió, para lo cual tiene ya, desde un primero momento, testigos y acusados a su disposición.

Pero lejos de ser una ventaja en el aligeramiento del proceso, esto iba a suponer tal baile de contradicciones que hubieran llevado a la investigación a un callejón sin salida. Afortunadamente, el corregidor tuvo la ocurrencia en aquél momento de encargar al maestro pintor de la localidad, una recreación dibujada de lo que ocurrió a partir de las declaraciones de testigos y acusados. Veamos qué es lo que sucedió entonces.


En ese primer momento sólo se tenía conocimiento de unos hechos objetivos: un hombre, vecino de Córdoba, había resultado muerto a causa de los disparos que le propinaron los oficiales de la Ronda de Millones de la localidad, una especie de agentes que cobraban impuestos por el trasiego de mercancias.

Los hechos a averiguar y confirmar, en un sentido u otro, eran que según las declaraciones proporcionadas por los testigos, y en contradicción con las de los acusados, la víctima no se había resistido a la autoridad de la ronda cuando ésta le dio el alto para revisar los permisos de entrada de productos en la localidad.

Ante la duda, el corregidor comienza por encargar el reconocimiento del cadáver en busca de las causas de la muerte, a la vez que se interroga nuevamente a los testigos, contrastando los datos en busca de alguna contradicción en las declaraciones. En esta segunda ronda de interrogatorios está presente Juan Panadero, maestro pintor de Montilla, muy reconocido en la localidad por su trabajo en el  retablo de San Miguel de la iglesia de Santiago de aquella localidad. El encargo encomendado al artista era claro: debía reconstruir sobre el papel el escenario de los hechos, de manera que quedaran a la vista las contradicciones que había en la declaración de alguno de los testigos.

En el dibujo de Panadero vemos el cadáver de Diego Troncoso marcado con el número 1. Delante de él hay dos grupos de personas, el primero está compuesto por tres hombres que apuntan hacia el fallecido con sus armas, están marcados con el número cinco, y les acompaña la leyenda “guardas”. Algo más a la izquierda del plano, se distingue a una cuarta persona, nombrada Pedro de Castro, que parece formar parte del piquete de guardas. 

El otro grupo, un poco más heterogéneo, está compuesto por tres hombres acompañados de sus cabalgaduras, y parecen mirar al fallecido. Uno de ellos está desmontado, exhibe su arma en una de las manos y se le identifica con un número, el 4 y el nombre “Porcedano”. Entre éste y el resto de sus compañeros que observan la escena desde sus cabalgaduras, hay un arma tirada en el suelo...

Este es el escenario del crimen, y gracias a lo que sabemos y a la habilidad de Panadero en la reconstrucción, creo que no nos alejamos mucho de la realidad si lo interpretamos del modo siguiente: a la entrada de Montilla, los guardas de la ronda de millones de la localidad dio el alto a una recua de supuestos arrieros, con el objeto de inspeccionar las mercancías que iban a introducir en el pueblo. En ese momento, una de las dos personas que encabezan la comitiva marchando a pie y armadas -se supone que para protegerse de los bandoleros-, cae muerta a consecuencia de los disparos de la ronda. ¿El motivo?: según los guardas, él y su compañero Porcedano se enfrentaron a ellos con sus armas. Los acompañantes de la víctima y un testigo que surgió de manera espontánea en el proceso, manifiestan que Diego Troncoso sólo hizo ademán de disponerse a hablar con ellos, recibiendo unos cuantos tiros como única contestación.


Al testigo espontáneo se le puede ver asomando al final de la callejuela que desemboca en el lugar de los hechos. Señalado con el número 3, Pedro Alguacil manifestó ver algo que no vio, como demostró Juan Panadero en su dibujo, trazando unas líneas que señalan hasta donde alcanzaba su mirada: chocaba con las casas que tenía a su derecha. O era capaz de ver a través de las paredes, o estaba mintiendo descaradamente.

El documento de Juan Panadero es una verdadera recreación de lo que hoy llamaríamos el escenario del crimen. Y es también otra de las innumerables joyas conservadas en el Archivo Histórico Nacional, que he llegado a conocer en su web, gracias a una reseña Eva Bernal Alonso. Desgraciadamente, más allá de este plano, el documento no está digitalizado, por lo que no me ha sido posible consultarlo, por ahora, para saber cómo termino la original investigación criminal que llevó a cabo el corregidor de Montilla con la ayuda del maestro dibujante.

Todavía hoy puede reconocerse en un plano de la Montilla actual la fisonomía de aquella otra en la que tuvieron lugar los sucesos. De hecho siguen existiendo las calles de la Zarzuela Alta y Baja, y si uno se fija un poco, puede llegar a deducir que el lugar en que cayó muerto Diego Troncoso, se encuentra más o menos en el punto de confluencia de la Zarzuela Baja con las calles de Aguas y Ronda de Curtidores.